Volví
Hoy quisiera desmayarme escribiendo. Hoy quisiera que alguien me hubiera esperado en el aeropuerto. Hoy hubiera querido llegar y ver a mi gato imaginario. Hoy tengo la cuenta de teléfono más asesina de toda la historia. También tengo un montón de chocolates en la heladera.
Parece que tengo menos miedo al avión, por cierto. Pero también me parece que ahora tengo miedos mas razonables; porque el avión no es nada, el problema es adónde vas, adónde te lleva, en que equipaje no voy a entrar, qué bolsa no quiero llevar más. No nevó. Hubo un montón de extranjeros, dormí poco y la pasé bien mientras estaba fumando con mi amigo S.
Cuando llevaba el guión del largo en el bolso en el avión y lo saqué y lo mostré como si fuera mi hijo, dispuesto a defenderlo de cualquier neurosis analítica, me hice acordar al manuscrito que hay en el avión que cae en Lost. Ahí me dieron un poco de ganas de matarlos a todos, de decirles que sí, que soy un terrorista que quiere volar el avión. Dos veces me cacharon como cuando vas a el recital y en ninguna encontraron el explosivo siniestro que instalé en mi cerebro. Un botón de autodestrucción, cuyo disposición y elementos sólo yo conozco, porque en el fondo, como todos sabemos, bien podríamos ser cerebros en cubetas o hormigas eléctricas, o bien podríamos ser una manga de pelotudos.
Pero lo realmente importante que pasó fue que me dí cuenta que tengo muchas ganas de escribir hasta desmayarme sobre el teclado.





