type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx: playmobil neurotico
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6.9.09


el problema no sería tanto que me hayas lanzado una maldición gitana, que haya vuelto a la rídicula pelea de mi padre en Sevilla con una gitana que le quería leer la suerte a mi madre y a un pretérito y racista combate entre los más pobres de la españa; no, el problema sería que yo necesito saber que esa maldición tuvo efecto, que fuiste a una bruja con una foto mía que sacaste de caraelibro e imprimiste en Kodak Express, que me estuvieron clavando alfileres durante dos horas seguidas, que pusiste la foto agujereada en el freezer de tu heladera - así como mi abuela hacía con la foto de Tatcher -, que estuviste llamando a todos los que dicen magia negra y que el avión que me va a llevar a Lima se va a caer despacito pero irresistiblemente, que primero van a venir los sacudones, que después van a caer las máscaras de oxígeno, que ya voy a empezar a sentir el olor a pis del de al lado, que las luces del avión se van a apagar, se van a prender, se van a apagar hasta que al final, sólo entre la luz de un sol progresivamente descendiente y más lejano, que voy a empezar a sentir el olor a mi propio pis, que mientras la gente grita y llora pero, más que nada, se muere de un paro cardíaco, de un patatús, que voy a sacar un cigarrillo y pensar que al final nunca dejé de fumar y que, finalmente, me voy a dar cuenta de que me obligaron a dejar el encendedor en la aduana.

5.7.09


El sentimiento de injusticia, lo que nos distingue de los animales y nos hace luchar por la justicia, por un mundo más justo, más igualitario y más respetuoso de las diferencias, se manifiesta en la impotencia ante el robo, la trampa, la falsedad y la mediocridad de la realidad.

Por eso, hoy lo único que hubiera querido es ingresar en una gresca fenomenal y recagarme a trompadas contra todos; hoy no tendría ganas de resignarme, de analizar, de entender el otro lado, ni de pensar qué es lo más adecuado para la sociedad en su conjunto. Lo que realmente hubiera deseado es que me los pongan en fila de a uno, empezando por ya sabemos quien y darle hasta que sangre. No es sólo cuestión de puching ball, es cuestión de puching ball con sangre, de puching ball con sufrimiento.

Porque una cosa es la injusticia en abstracto y otra cosa es que quien se beneficia de la injusticia salga vivito y coleando, se transforme en una vieja frígida, viuda y con menopausia de hace treinta años que en el medio de la lucha se ponga a bailar con esas calzas negras desbordantes de psoriasis, con esos pelos desteñidos y unas uñas pintadas de color década del noventa, agitando una bandera que en el fondo está gritando Menem volvé. Porque eso es lo que genera resentimiento en el mundo. No que te caguen; no que no recibas lo que merecés; más bien que se ufanen de su injusticia, de su obtención de beneficios a tu costa. Por eso, metanse el campeonato en el medio del orto.

En el medio de la mediocridad, hoy nació la leyenda del Huracán del 2009, ese que no salió campeón pero que jugó mejor que la mayoría de los campeones.

7.6.09


La tecnología ha llegado a niveles nefastos.

En el medio de un asado a una señora madura le llega un mensaje de texto; abre el celular, mira y dice: ah, se murió Pedro. Cierra el celular y se sigue clavando la bondiolita.

Hoy, en el facebook, veo el muro de un amigo y dice

HOLA XXX., ME QUEDE SIN MI HIJO , Y VOS SIN TU AMIGO, POR FAVOR AVERIGUA O ANDA A VERLO , CHAU .

La tecnología no ha llegado a niveles nefastos. Es la humanidad la que es nefasta.

2.1.09

Soñé que tenía que ir a todas las casas y pedir perdón; llevaba una caja de Garotos.

20.10.08

Así te recibe Parque Patricios



Me bajo del 6 en la Avenida Jujuy con mi valija verde con rueditas a las 11 de la noche. La avenida, como siempre a esa hora y a esa altura, está vacía. Mis dos primeros pasos se ven interrumpidos por un pico de botella, el cual piso. Dos pasos más se interponen con un picor en la nariz; faltará sólo un paso para reconocer que ese picor es gas lacrimógeno, como el de la cancha y como el del 20 de diciembre.
Miro hacia la avenida que queda atrás y cuatro patrulleros están clavados mientras los policías deben reírse. Miro hacia la otra avenida y cuarenta hinchas de Huracán se suben corriendo y desesperados a varios colectivos escolares.
En el medio de la nube de gas lacrimógeno, las ruedas de mi valija hacen ruido contra el vidrio roto. Tardo media hora en hacer las tres cuadras que me separan de mi casa.

19.9.08

Soñar un guión


Estoy en la cancha de River; me siento en la platea baja. No sé quien juega pero al rato de estar se me cae un diente. Corro al baño y escondo la mochila en un asiento. Mientras llego al baño, me doy cuenta que salí de la cancha y que muy probablemente la mochila no esté cuando vuelva. Me encuentro con un amigo de la secundaria y me pregunta desde cuándo me faltan los dientes. Hace mucho, creo que digo. Cuando queremos entrar en la cancha, saco el carnet de River y me doy cuenta que tengo la billetera de otra persona ¿hace cuánto tengo la billetera de otra persona? ¿Toda la vida? En todo caso, el boletero mira la foto y no encuentra problema alguno en reconocerme Entramos por la boca que sale directamente a Los Borrachos del Tablón; creo que estoy preocupado por haber perdido la mochila pero más preocupado porque ahora soy otro. Me siento, abro la billetera y saco la foto de una mina que no es Dolores Fonzi. Una voz de Parissienes durante 40 años me dice desde atrás. Llamala. LLamala vos o la llamo yo. ¿A quién?. A ella. Llamala y vas a ver cómo te reconoce; y si la hija de puta de mi esposa te reconoce, te cago a tiros.
(*) pic from here

16.9.08

Trueque


El año pasado, mi psicóloga me echó de terapia y yo me puse contento. Jamás logré el nivel de concentración en la nada de mi discurso libre para poder avanzar más allá del lugar donde estaba trabado, el sitio donde terminan las anécdotas y comienza otra cosa.

Este año, mientras nadaba con un amigo en una sucia playa de La Lucila del Mar, tuve la relevación más clara y consistente que he tenido en toda mi vida, la de tener que nadar más y mejor. Llegué a Buenos Aires, averigüé y desde hace seis meses nado tres veces por semana.
Ambos eventos se relacionan en el sentido práctico y anti teórico que domina buena parte de mi vida, la que sucede independientemente de cualquier cosa que lea, como una especie de naturaleza inmutable y persistente. Analizarse siempre fue para mí algo así como una lucha conmigo mismo que ocurre en la encerrada zona teórica y que es imposible de traducir en cualquier acto o conducta concreta. Nadar es la constatación práctica de que algo cambia de maneras visibles, de maneras que pueden mostrarse a alguien y decir, ves, antes era así y ahora soy asá.
Claro, jamás podés aprender a nadar bien si pensás demasiado en lo que hacés; después de cuatro meses en los que me decían que tenía que relajarme para hacer bien la patada de espalda, finalmente lo logré, probablemente por que empecé a pensar en algún otro movimiento. Y en esos momentos, donde parece que no pensás, donde la concentración abajo del agua te hace olvidar de cualquier cosa salvo del movimiento que se va sucediendo en tus brazos y en tus piernas y que se ven como la repetición automática de algo que está bien, esos momentos son, creo, el momento sen del cual habla Idez cada vez que hablamos de nadar. El agua y los sonidos que habitan solamente ahí, eso es lo que produce la concentración; sacás la cabeza del agua y hay gente que grita, se queja, histeriquea con el/la guardavida; metés la cabeza dentro del agua y el débil ruido de una alarma de un reloj a veinte metros es más fuerte que cualquier otro sonido, incluso que cualquier sonido que uno mismo produzca. Y así, abajo del agua, donde logro la concentración, sé que hacer una buena terapia era escuchar ese único ruido que arriba del agua es imposible de escuchar.
Olvido mencionar que mi psicóloga va a la misma pileta que voy yo.
(*) pic from here

27.8.08

Lo obvio


Por cinco días no me anda Internet y escribo un artículo de 6000 palabras y corrijo un cuento de veinte páginas. Espero que Internet vuelva rápido

14.3.08

la conciencia moral existe


Cuando tenía 10 años viajaba con mi tía en el 25 y subió una embarazada; no sé si ya me lo habían dicho o es que prestaba demasiada atención a los carteles de los colectivos pero me acuerdo que me levanté y le dije: señora, siéntese.
Mi tía se emocionó, creyendo que yo era el último bastión de las buenas costumbres en los tiempos que corrían; un tipo de unos treinta años que estaba sentado delante de mi ex asiento se dio vuelta y me dijo: “pibe, te felicito por lo que hiciste”. Estaba conociendo la satisfacción de hacer una buena acción. Encima la embarazada se bajó a las pocas cuadras y yo volví a sentarme.
Y Kant no entiende las acciones morales; uno sí busca que el deber realizado sea visto, que a uno lo aplaudan por lo que uno hace, que todos digan: “tendríamos que ser un poco más cómo él”. La sensación era que el mundo, ese lugar que siempre me daba el miedo necesario para ser demasiado tímido, de repente se había convertido en algo armónico, en algo que me aceptaba.
La cosa es que tenía 10 años y todavía no había entendido cómo seguía la lección. Por ejemplo, no entendía que la repetición cansa.
Subió una mujer con un hijo de cinco años a upa; los pies del niño le llegaban a las rodillas. ¿Cómo desaprovechar esa oportunidad? Otra vez, PH en versión infante se para y prácticamente le grita: señora, por favor, siéntese. La mujer, una verdadera oportunista, ahora lo veo, deposita al niño en el suelo quien sale corriendo y se sienta en mi asiento; ella se queda parada.
Yo miro al costado, miro a mi tía pero nadie me felicita, nadie me dice que gracias a mí, el mundo todavía tiene esperanzas en la moral.
Parece que hay un problema grave en mi edificio; el ex_portero se divorció y luego renunció a su cargo; quien no renunció a la casa de la portería fue la ex esposa del portero, quien sigue viviendo en esa casa con sus dos hijos. Uno de ellos es un gordito de unos diez años al cual no le dan la llave de la puerta de calle(intuyo que por que no la tiene ni siquiera la madre). Por lo tanto, a determinadas horas de la tarde y del día, el niño obeso se para frente a la puerta esperando que alguien le abra. Apenas alguien se aproxima a la puerta de calle, empieza a pisarte los talones y se escabulle hacia el afuera, hacia su paraíso de chupetines, chocolates y tres alfajores por recreo.
Me molesta profundamente que se escabulla. Si me pidiera permiso, si me dijera “mire, mi madre es una hija de puta, una flor de conchuda, imagínese el daño psicológico que me produce esperar que alguien abra la puerta, imagínese en qué me voy a convertir con el paso del tiempo”, me enternecería y no sólo le abriría la puerta, sino que hasta le pegaría un poco en la cabeza, más precisamente en la nuca. Un coscorrón pequeño, un gesto de cariño entre hombres, como ya se dijo tantas veces.
Pero no. El gordito insiste en escabullirse.
Ayer, salía del ascensor y lo ví. Él me vió. Él estaba más lejos de la puerta que yo pero empezó a arrastrar su mochila hacia ella. Me apuré más de lo necesario. Abrí la puerta y a él todavía le faltaban ocho metros para llegar. Desde afuera, tomé el pomo de la puerta y lo empujé hasta que la cerradura hizo clic.
Cuando ya estaba con un pie en la calle, escuché unos golpecitos en el vidrio de la puerta. Eran sus manecitas de excedido queriendo llamar la atención desde adentro.
(*)picture from here

28.2.08

Dreaming en broche


Veinte días, hasta ayer, mis sueños se convirtieron en pesadillas sin entender; ¿qué es lo que hace que alguien diga que tuvo una pesadilla? ¿el contenido?¿el sudor del despertar, el corazón batiendo records de latidos, o la sensación de querer seguir durmiendo y volver a la angustia ficticia en vez de a la angustia concreta e indeterminada?
Soñé que venía un hombre, me miraba con fiereza y me decía “árbol”. Me despertaba y pensaba que estaba en el medio de la playa, sin mis lentes de contacto y gritándole a Pailos que fuera a buscar las mochilas, que nos las habían afanado. Otro día, un hombre me llamaba por teléfono y me decía jljdljopsstuttkjfrach.
Pensé que ya estaba, que ya no me quedaban neuronas ni para soñar; ví mi próxima novela muerta en un archivo que nadie podrá abrir, a menos que tenga instalada la peor versión de Microsoft Word.
Todo hasta ayer.
Ayer me encontré con Silvina Luna; me conocía. No sólo me conocía sino que habíamos tenido una historia en el pasado. Como cuando te reencontrás con una compañera de la primaria que antes era idiota y ahora es idiota pero hermosa. Renacía el amor; me invitaba a Pachá pero yo quería ir a Status. Como siempre, no me decidía adónde ir y me desperté, seguro de que las mochilas estaban bien guardadas.

(*) picture from here

19.2.08

Playmobil uruguayo (ii): Varela



Cuatro trabajadores llegan a la playa de Bahía Chica en la Paloma; tienen el antebrazo tostado y la parte del hombro blanca, como si sacaran los brazos por la ventanilla del camión pero hasta sólo una altura.


Ponen cuatro ojotas señalando los postes y hay un equipo claramente mejor que el otro; la mejor pareja juguetea frente al arco, sabiendo que el gol es seguro. El único que no entiende lo inminente es el más grande de los cuatro jugadores, que también es el más gordo y el que menos estado físico tiene; parado frente al arco, algo que como todos sabemos está prohibido cuando el arco mide menos de un metro, se revuelca hacia izquierda y derecha, llenándose de arena y sin poder ni siquiera rozar el balón. Finalmente, cuando el gol se convierte y el gordo está sacándose arena de los ojos, el goleador dice: "Eh, pero Varela hace de golero".


A partir de allí, Varela es el centro de nuestra atención; Varela hace malos pases, se come los goles enfrente del arco o increíblemente hace rebotar la pelota en una de las ojotas. El resultado, luego de 3 minutos es 5 a 0. El compañero de Varela no se enoja; el también quisiera hacer revolcar a Varela; quizás por eso, le tira pases que son imposibles de alcanzar pero que el esforzado de Varela corre.


Toman cerveza que después entierran en la arena. Uno de ellos inaugura otro juego; patean la pelota hacia el mar y todos salen corriendo tratando de alcanzarla. Apenas empiezan a correr, Varela queda retrasado; todos se zambullen entre las escasas olas de la Bahía pero Varela intenta mover sus cortas y torpes patas en un mar que, aunque no es embravecido, lo tira una y otra vez. Varela llega a la mitad del recorrido cuando los otros ya están volviendo; cuando Varela se da vuelta y comienza a retornar, una ola que no le llega a la cintura lo hace caer de cara frente a la arena.


Cuando los tres se cansan del juego y toman cerveza en la orilla, Varela dispone la pelota para tirarla él. Uno de ellos le roba la pelota justo cuando va a patearla y todos van hacia el mar. El juego ahora consiste en el medio; tres jugadores se pasan el balón mientras uno de ellos intenta interceptarlo. Uno de los goleadores del principio se va con la pelota lejos de los otros dos y Varela, quien obviamente era el medio, lo persigue lentamente por toda la extensión del mar contenido en la bahía; en algún momento, el goleador deja la pelota flotando y Varela se entusiasma. Sin embargo, cuando está a punto de alcanzarla, tropieza y el goleador grita "Miren a Varela".


De nuevo, están los cuatro en la orilla; toman la otra cerveza enterrada. Varela está tirado con la cara hacia el sol. Su ex compañero de fútbol y uno de los goleadores lo toman de las piernas y de los brazos y lo arrojan al mar. Pasan diez segundos en los que todos nos reímos de Varela; las risas comienzan a detenerse a los quince segundos. Pero a los veinte, cuando empiezan a correr a buscar el cádaver de Varela, su cabeza gigantesca aparece entre el mar quieto de Bahía Grande y Varela sigue con una sonrisa en su cara.


Varela piensa que tiene amigos que lo defienden; piensan que cuando lo hacen acostar con un travesti en un cabaret de Rocha, es porque lo quieren, porque lo hacen sentir parte de una broma que sólo él entiende por que es del grupo.


Los tres amigos de Varela se nos acercan y nos piden que les saquemos una foto. Lo hacemos dos veces por que en la primera de ellas, Varela se había dado vuelta porque uno de ellos le había tocado el culo. Mientras se van de la playa, uno de ellos, el dueño de la pelota, se retrasa lo suficiente como para imaginarse que es Obdulio Varela y shotear un tiro libre perfecto que da de pleno en la nuca de Varela y lo hace tragar aún más arena.

(*)picture from here

18.2.08

playmobil uruguayo, con termo incluído (i)


Matar el pasado, decir estuve acá antes y ahora estoy mejor ahora que antes, o por lo menos ahora puedo estar y que vos ya no estás ni siquiera en un grano de arena.
¿Cuándo fue la última vez que me gustó una mina? Pero así de verdad, de quedarte pensando a la noche en ella. No sé, períodos de abstinencia, períodos de avanzar en tesis, en novelas, en papers, en guiones y nada, períodos de dejar de fumar, de dejar de tener marihuana, períodos de merca, períodos de la rotation en Palermo, todos períodos que ya van a pasar.
¿Dónde aparecen las chicas que le gustan a PH? Aparecen en los marcos de las puertas de las cocinas de los hostels. Aparecen. Y PH las ve y antes de que le muestren cómo son, PH sabe psicóticamente que le gustan esos rulos. Y claro, lo confirma cuándo aceptan mates y hablan cuatro horas sin que se pregunten de qué trabajan, qué estudian o qué vida tienen en Buenos Aires.
Y entonces Pailos da consejos, habla, reflexiona, da clases y PH no escucha porque ya sabe que si algo tiene es insistencia victoriosa; PH vivió toda su vida escuchando cómo debería llevar su vida y un día dejó de escuchar. Porque sabe que no va a cambiar, que lo único que hizo en dos años de terapia fue darse cuenta de que hay que aceptar, que hay que entender y bancarse a uno mismo.
PH no entendió nada yendo dos años a terapia. PH sigue cayendo en las situaciones rídiculas donde todo lo que estaba bien, todos los besos de bronceador y piel salada, donde el regalo que compró para el cumpleaños de ella termina quedando en el fondo de una mochila llena de arena (Pailos aconsejó tirarlo al mar inmediatamente y PH le dijo que sí, que obvio) porque siempre está la ridiculez del desencuentro, del malentendido, del PH que en un momento se queda callado y deja de ser el descentrado, el del humor ácido, el que tiene cara de borracho, y se convierte en las palabras que vuelven sobre sí mismas y quedan en el lado trasero de las piedras de La Pedrera.
PH está harto de decir que está en un proceso de algo; siempre está en procesos de reorganización; porque sabe que, en realidad, no sabe en qué carajo está, ni qué es lo que le va a pasar mañana, ni qué es lo que le va a gustar mañana.
El pasado no fue mejor ni peor. El pasado está pisado. No se siente. Lo rídiculo ya llegó hace rato.
(*) picture from here

12.2.08

Regando las plantas I










Lo bueno de cuidarle la casa a un amigo, es poder entrar a la casa del amigo y verla sin que el amigo mismo la habite.

Yo ya cuidé varias casas de amigos, me acuerdo de una en especial. Llegué con miedo, no había entendido el día que se iba y temía encontrarlo. De hecho lo temí siempre. Al principio era paranoia pura. Como si infringiera algún código sagrado al sentarme en un sillón en el que me había sentado tantas veces, pero claro, siempre con amigo presente. Después el miedo se va, y vas dando pasitos chiquitos, como prender la radio o tele, abrir la heladera, revisar el botiquín del baño, revisar las cartas que llegaron, alguna cuenta tal vez. Después un cajón abierto con la punta del dedo, con miedo. Está claro que la curiosidad mató al gato y a las mujeres, pues nos habita claramente. A la media hora estaba zambullida en el revisionismo histórico de los papeles y objetos encriptados en cajones.

Mi búsqueda termino cuando llegué a una clásica Playboy que solo se podía abrir en tres lugares y que sinceramente, olía muy feo. Con la punta del zapato cerré el cajón y me juré nunca mas revisar cajones ajenos. Hasta el día de hoy lo mantengo. Igual a mi amigo nunca lo vi con los mismos ojos.

Hoy vengo esperanzada a esta casa, a intentar regar las plantas y no encuentro nada más que los dejos de quien la habita. Tipo ordenado el Sr. Hipotético. Ni una entrada sin publicar. Todo ordenado, todo publicado. Lo que si encuentro es nuestra historia. Años de leerlo, de cómo él fue el segundo blog que leí en mi vida (el primero fue el de Sr. del Mar) de cómo le comentaba tímidamente al principio, de los almuerzos compartidos, las charlas robadas a noches aburridas.

Ahora me pongo nostálgica y quiero que vuelva. Que me cuente las aventuras con el Sr Pailos, de cómo todo fue fantástico y único y de cuantas mujeres lo rebotan (aunque esperamos que alguna, cada tanto ceda a sus encantos). Yo mientras tanto seguiré acá, mirando con dolor los cajones que juro no abrir y viviendo historias fantásticamente graciosas para llenar alguna noche en que prometa nuevamente que mis caipirinhas son las mejores si el trae de la buena para fumar, y entonces si, él se haga cargo nuevamente de este blog.

Libélula de Acero



picture from here

7.2.08

abierto por vacaciones



- Teléfono para el señor PH.
- Decíle que no estoy, que estoy filmando el nuevo Baywatch charrúa, para canal 6 de Tacuramembó, bo.
- Pero señor PH, no existe el canal 6 de Tacuarembó.
- Y qué hago con la tabla ahora?
- ¿Cómo, vos no eras un afamado productor argentino en busca de neuvos talentos?
- No, chicas, dejenme explicarles.
- ¿Qué nos vas a explicar? A ver, guardavida, verdadero guardián de la bahía, correte que me subo a tu silla de umpire y te hago un petiso.

Mientras ese dialogo sucede, Libelulita riega las plantas en este blog.

24.12.07

Felicidades



Uno de mis contactos del MSN, con el cual no hablo hace bastante tiempo, se compró un perro o se lo regalaron o lo salvó de la calle; la cosa es que desde hace dos meses mi contacto, que es un hombre de unos treintaylargos que vive solo en una casa con muchas plantas, aparece todos los días conectado y con una foto nueva de él y su perro. La primer pregunta que a uno le surge es quién le saca la foto; la respuesta es sencilla. Las cámaras traen un dispositivo que hace que tarde más el tiempo desde que uno aprieta el botón hasta que sale el disparo de la cámara, con lo cual uno puede apretar el botón, correr hacia donde esta el grupo familiar y salir en la foto. Las publicidades de los setenta, con la familia norteamericana de corte los Tunner de ALF, delante de un árbol de navidad, mostraban las ventajas de este sistema.
Con mi contacto, uno se imagina, la cosa es más solipsista; primero, pone al perro en un ángulo favorable, le acomoda el rabo y la cara para que salga entero, mueve una planta, pone un almohadón y luego se echa a correr, tropieza con sus ojotas azules, aprieta el botón y vuelve corriendo para ponerse de rodillas y posar junto a su perro.
Primero fue esa foto; después, Lanús salió campeón y aunque yo creí que mi amigo era de Boca, el perro salió con la remerita del grana; no sabía que mi amigo era peronista pero cuando asumió Cristina, apareció la foto del perro mirando la Plaza de Mayo y emocionándose con la democrática fiesta de Santaolalla; ahora, el perro y mi contacto aparecen al lado del arbolito de navidad, cada uno de ellos con un gorro rojo con un pompón blanco.

19.12.07

Cómo despedirnos de la terapia?


- Bueno, Señora Psicóloga, si yo venía una vez cada quince días era más bien porque dudaba entre no venir y dejar de venir.
- Te escuchaste?
- ….. Bueno, ha sido un gusto.

5.12.07


Te llaman por teléfono, te avisan algo, cortás y te quedás temblando. Lo llamás a Dragón del Mar y seguís temblando pero ahora gritás.

2.12.07

La única policía que me cae bien

Fue inevitable sentir que estaba demasiado cerca de los 30; no tanto por el promedio de edad de los que te rodeaban en la cancha de River sino más bien porque cuando empieza tocan Message in a bottle, y te acordás del mail que le escribiste con eso de Hundred billion bottles washed up on the shoreSeems Im not alone at being aloneHundred billion castaways, looking for a home, porque cuando empieza una correcta versión de King of Pain, primero odiás a la versión melosa de Alanis Morisette y después te aparecés escribiendo en una hoja de carpeta que se convertirá en una carta I guess Im always hoping that youll end this reignBut its my destiny to be the king of pain, porque la versión hiphopera de Every Breath you take siempre te pareció mejor que la original pero siempre la defenestraste como si se tratara de una cuestión netamente futbolera, porque cuando Pergolini ponía So Lonely, Roxanne y Don't Stand so Close To Me una detrás de la otra, todavía pensabas que era alguien mínimamente respetable.

Reggae de Blancos.
(*) la foto viene de acá; por cierto, es un álbum de un tipo que cree que los Carabineros de Chile merecen algún tipo de homenaje. Desconfío.

18.11.07

Vida Surrealista en Parque Patricios


La parrilla de Carlos está a tres cuadras de mi casa y la inauguración de la línea H que pasa a media cuadra de ahí no modificó las conductas del parrillero o de la parrilera, según el día, quienes están fuertemente convencidos de la capacidad de la no limpieza en relación con el sabor de la comida. Hoy, particularmente hoy, la parrilla de Carlos que da directamente a la calle tenía un clima peculiar a las 4 de la tarde.

Carlos estaba sacado discutiendo con un cliente.
- Pero cómo vas a decir que Argentina jugó mal?¿Estás loco? Ganaron tres a cero y vos decís que jugaron mal. Perdoname pero vos no sabés nada
- Pero le ganaron a Bolivia
- Sí, claro a esos muertos que se vienen a matar el hambre acá. Hacía 35 grados en la cancha y vos querés que corran más para ganarle a esos cabeza.
- Sí, pero después viene Brasil y te pinta la cara.
- Pero Basile dijo que la cancha estaba hecha mierda, que tenía pozos, que no se podía jugar. Aparte hacía 40 grados. Y vos pedís que corran más, la puta que te parió!!! Con todo respeto, dejate de joder.
- Pero qué 40 grados ni cuarenta grados. Hacía 27!!!!!1 Y son profesionales, viejo!!!!! Ganan millones de dólares.
- Pero qué millones de dólares, flaco!!!!!!! La cancha estaba hecha mierda!!!!!! Mirá, yo tengo esta parrilla de mierda, todo sucio y la gente no sé por qué carajo viene. Capaz que viene por lástima o porque la carne está buena y vos querés que jueguen bien en una cancha como la de River. Que jueguen en Boca. Carajo!!!!! Con esos bolivianos que se matan el hambre acá. Déjate de joder!!!!!!!!
Precisamente en este momento, un pibe que estaba paseando dos perros y que escuchaba Los Redondos desde el celular, algo básico de la banda de sonido de Parque Patricios, se quedó parado escuchando un poco la discusión que amenazaba pasar al arrojo de carbonazos y otro poco por que bueno, uno de sus perros estaba olfateando los órganos genitales de otro perro, que más bien debería decir que era perra.
Por otro lado, se acerca uno de los comensales para decir que no, que en Boca no., que mejor jueguen en Velez. El parrillero abandona la discusión, el chico que escuchaba Los Redondos sigue teniendo de la correa al perro que, en este momento, está perpretando una violación consentida contra o a favor, desde donde se lo vea, contra la otra perra.
La discusión entre el que vitupera a la selección y el que quiere que jueguen en Vélez se corta en algún momento cuando el compañero del último se le acerca y mirandolo cómplicemente a los ojos le dice.
- Eh, aguante Los Piojos.
- ¿Cómo?
- Sí, loco, te reconocí, vos sos el de Los Piojos
- No, loco, nada que ver.
- A mí me vas a decir? Déjate de joder. Mirá que no te voy a afanar.
- Pero qué me vas a afanar a mí, pedazo de pelotudo.
Uno empuja al otro, los perros abotonados se entremezclan en las piernas de los que discuten, éstos caen y Carlos me pregunta si le pone algo al sandwich de bondiola.
- Con criolla, papá. Con criolla. – contesto yo.

31.10.07

Otra teoría de la propiedad



Hoy en día el mundo del blog me es ajeno. Hoy en día el mundo del sexo me es ajeno; a veces pienso que estaría bueno tener sexo pero despues agradezco no tener que abrazar a nadie. Hoy en día el mundo del cine me es ajeno. Alquilar una película queda a cuatro cuadras; bajarme un nuevo episodio de Curb your Enthusiasm cuesta menos de un día de espera. Hoy en día el mundo de la transferencia en terapia me es tan ajeno que a veces hasta mi psicóloga me felicita por lo poco que me cuesta decir lo que pienso. Hoy en día el mundo de mi familia me es insoportable; desde que enterramos a mi abuelo en el mismo lugar en el que once años antes enterramos a mi padre me dí cuenta que mi familia es la promesa de muchas más visitas al cementerio. Hoy en día, mi wok, mis libros de Saer y de Philip Roth, mi ducha matinal, mis libros de filosofía política, mis hojas que representan una beca a Inglaterra en el futuro y tres hojas pegadas en las paredes con lo que quiero escribir de Gladys, Volvé son más que nada lo único que no me es ajeno.
Un día de estos, un día que no sea hoy, me va a agarrar envidia y voy a dar vuelta el sistema de propiedad de mi vida. Y probablemente lo haga escuchando el último de Café Tacuba.