type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx

17.12.07

The Sopranos: ¿Cómo terminar una serie después de 6 temporadas?


(con spoilers)
Supongamos que hay tres formas básicas de dar un final a una serie como The Sopranos. La que llamamos demagógica, la que uno estaba esperando, que Tony muera de una u otra forma, posiblemente masacrado por el reverendo hijo de puta rencoroso de Phil Leotardo, como en The Godfather I; La que llamamos sorpresiva, donde Tony bien podría entregarse al FBI y fallar a su promesa de iniciación mafiosa; o podría finalmente suicidarse; o su hija podría morir y ahí tendríamos el final de The Godfather III
O podría intentarse salir de la saga The Godfather sin salirse; eso es lo que hizo David Chase con el final de The Sopranos. Dejar el final más abierto posible para que los que esperaban que se cumplan las expectativas, se vean frustrados.
En los últimos diez minutos de la serie, cuando te empezás a dar cuenta que el tiempo se acaba y que el final no aparece por ningún lado, Tony se sienta en un restaurant donde entran los personajes más sospechosos posibles – para un jefe mafioso, todos son sospechosos, todos están a punto de matarte y esta es la clave -, su hija no termina nunca de estacionar su auto, cruza la calle como el orto, y en cada momento el mundo está por acabarse para Tony; esperás la escena donde el sospechoso que fue al baño, se convierta en Michael Corleone y vuelva por sangre. Y eso no pasa. Tony levanta la cabeza y la pantalla se funde a negro por veinte segundos y la serie se terminó; Chase quería poner tres minutos de pantalla a negro y los de HBO lo mandaron al carajo. Sin embargo, eso es lo que había que hacer.
¿Por qué eso es lo que había que hacer? Digamos que hay dos razones: una, porque The Sopranos respetó siempre la herencia obvia de The Godfather; desde
la fascinación de la familia Soprano por la mítica trilogía; porque cada uno de ellos intentaba imitar a uno de los Corleones; uno puede pensar que no terminar como ninguna de las partes de The Godfather es mostrar que no hay otra forma mejor de hacer una historia de mafiosos; es decir que si querés saber como termina la serie, andá a ver The Godfather y elegí cualquiera. Otra razón, es que The Sopranos era también una historia sobre el miedo y sobre la paranoia; el que buscaba una serie de mafiosos, sin duda encontraba raro que Tony fuera a una psicóloga; de hecho, hasta podría justificar que Livia, la madre, aprobara su asesinato por hacer terapia, por mostrarse débil; pero, en todo caso, lo aceptaba porque le daba profundidad al protagonista y porque la serie también le daba lo otro que iba a buscar: la sangre, las traciones, las venganzas, etc. Pero no entendía que Tony estaba siempre en peligro, siempre amenazado y no sólo por su trabajo sino principalmente por sus miedos y debilidades. Cuando su psicóloga lo despide de la terapia, el final de esta parte de la serie es clara: Tony perdió, Tony nunca va a poder salirse de ese espiral encerrado que te produce el miedo a los demás; cada uno de los que entra en el restaurant de la escena final, sea latino, negro, ucraniano, italiano, irlandés o sajón, es un potencial asesino; a cada minuto estás en riesgo; porque en el fondo, no sólo el infierno, sino también el miedo son los otros.

10.12.07

Bee Movie: La educación de nuestros hijos


No hay algo así como un feeling entre Seinfeld y los niños. Uno lo intuye cuando en la serie nadie tiene un hijo, y los pequeños representan más bien molestias (ir a conocer al bebé más feo del mundo, pelearse con el Bubble Boy, el niño que denuncia el marxismo de Kramer-Papá Noel, etc.); también en Curb your Enthusiasm, donde Larry tiene como premisa la ausencia total de hijos en su matrimonio, ahora en suspensión; es diferente en The New Adventures of Old Christine, pero bueno, obviemos las instancias refutatorias.

La cosa es que Bee Movie es, sin embargo, una película bastante divertida, con momentos que se inscriben dentro de lo bizarro o si se quiere dentro de lo raro que puede ser escuchar a Seinfeld haciendo de Seinfeld, levantándose una mina como Seinfeld pero convertido en una abeja.

La historia viene más o menos como toda película infantil: una abeja (Barry Benson) quiere recorrer el mundo antes de elegir un trabajo que durará para toda su vida en el panal, quiere descubrirse como autónomo frente al resto de la comunidad del panal y descubre que los humanos están robando la miel producida por su especie desde hace muchísimos años (lo hace, en uno de los momentos más extraños de la película, visitando una especie de campo de concentración de abejas – el panal del apicultor profesional) y decide demandar a los humanos.

Lo raro de la película es que las abejas ganan el juicio y como tenemos que devolver toda la miel, las abejas se encuentran con un sobrante infinito de stock y todas se convierten en haraganas, en una especie de inversión del cuento infantil. Y lo raro, lo infinitamente raro, es que las abejas no tienen un problema con esto; abandonan su literaria laboriosidad y se dedican a la nada; más bien son los humanos los que descubren que tienen un problema que es el de que no crecen más flores por la falta de polinización. Y esto se plantea más bien como algo estético: como que se acabaron las flores que eran tan lindas, y que tenían tan rico perfume y qué barbaridad, ahora no tenemos más geranios que regar, más margaritas para deshojar, más potus para poner en los decorados de la tele, etc.

Bueno, hasta acá no hay un verdadero problema en la película; el problema viene cuándo por esas razones humanas, Barry decide abandonar su autonomía, convence al resto de las abejas de volver a trabajar y encima es recompensado de varias y distintas formas. ¿Qué significa esto? ¿Tiene sentido preguntarse esto? ¿Exceso de moralina?

Distingamos entre que una película no tenga un mensaje, no quiera dar ningún mensaje moral y una que quiere – o le sale – dar un mensaje moral. Las películas para niños o para adolescentes tienen siempre un mensaje que la mayoría de las veces tiene que ver con descubrir la individualidad pero, al mismo tiempo, recomponerse con el grupo social – familia, amigos, etc. Acá la recomposición, la dialéctica del amo y del esclavo (qué carajo hago hablando de esto????????????), no llega nunca a la unidad final sino más bien a algo que se parece mucho a la moral del free-rider, los que disfrutan de los beneficios de la cooperación social sin acatar las reglas sociales. La “justicia” del reclamo de las abejas, su explotación por los seres humanos, es ignorada y aceptada para que la amiga humana de Barry pueda volver a vender flores. Volver al status quo le conviene a Barry y pura y exclusivamente a Barry; no a la comunidad de las abejas que, al menos durante la película, no pierden absolutamente nada por no trabajar. ¿La justicia puede traer consecuencias desastrosas?¿Es preferible aceptar lo injusto?¿Eso es el mensaje de la película? ¿Seinfeld era republicano al final?

5.12.07


Te llaman por teléfono, te avisan algo, cortás y te quedás temblando. Lo llamás a Dragón del Mar y seguís temblando pero ahora gritás.

4.12.07

The Left Hand of God: El multiculturalismo en la década del 50


Debe ser de las peores películas de Bogart; lejos de la típica bogarteada, su compañera romántica, Gene Tierney, con la cual no puede darse un beso en toda la película, parece que había salido hace poco de varios problemas mentales.
La historia de The Left Hand of God (traducida creativamente al castellano como Del Destino nadie se escapa) es simple y aburrida, al menos tanto como un culebrón básico; Bogart es un soldado norteamericano que cae en China en el medio de la Guerra Civil, trabaja unos tres años para un señor de la Guerra, después se hace pasar por cura para escapar del señor de la Guerra, se enamora pero respeta los hábitos, se vuelve a encontrar con el señor de la Guerra, juega con él a los dados por el destino de la aldea, y se entrega a las autoridades de la Iglesia en China, como si éstas fueran una autoridad que le pudiera hacer algo.
La cosa es que la película la dirigió Edward Dmytryk, uno de los que fue encarcelado en la época maccarthista de las listas negras y terminó denunciando a cuatro actores y directores por sus actividades comunistas. Aparentemente deseoso de limpiarse el pasado, hace esta película en donde no existe nada parecido a Mao, en donde el sincretismo religioso consiste en que los aldeanos chinos van a la Iglesia, se confiesan, comulgan pero hacen una leve inclinación con la cabeza y toman té, y en donde nadie se pregunta qué hace la Iglesia Católica metida en China. De hecho en algún momento, la enamorada imposible de Bogart le dice algo así como: “no importan las razones que nos trajeron aquí, ellos necesitan lo que les damos.” Corrección política más, ojo rasgado menos, otra vez el multiculturalismo se entiende siempre de la misma forma: como un chico chino que, con lágrimas en los ojos porque el pobre y amado cura del pueblo se va a enfrentar la autoridad, finalmente dice “Kentucky”

2.12.07

La única policía que me cae bien

Fue inevitable sentir que estaba demasiado cerca de los 30; no tanto por el promedio de edad de los que te rodeaban en la cancha de River sino más bien porque cuando empieza tocan Message in a bottle, y te acordás del mail que le escribiste con eso de Hundred billion bottles washed up on the shoreSeems Im not alone at being aloneHundred billion castaways, looking for a home, porque cuando empieza una correcta versión de King of Pain, primero odiás a la versión melosa de Alanis Morisette y después te aparecés escribiendo en una hoja de carpeta que se convertirá en una carta I guess Im always hoping that youll end this reignBut its my destiny to be the king of pain, porque la versión hiphopera de Every Breath you take siempre te pareció mejor que la original pero siempre la defenestraste como si se tratara de una cuestión netamente futbolera, porque cuando Pergolini ponía So Lonely, Roxanne y Don't Stand so Close To Me una detrás de la otra, todavía pensabas que era alguien mínimamente respetable.

Reggae de Blancos.
(*) la foto viene de acá; por cierto, es un álbum de un tipo que cree que los Carabineros de Chile merecen algún tipo de homenaje. Desconfío.