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7.2.08

abierto por vacaciones



- Teléfono para el señor PH.
- Decíle que no estoy, que estoy filmando el nuevo Baywatch charrúa, para canal 6 de Tacuramembó, bo.
- Pero señor PH, no existe el canal 6 de Tacuarembó.
- Y qué hago con la tabla ahora?
- ¿Cómo, vos no eras un afamado productor argentino en busca de neuvos talentos?
- No, chicas, dejenme explicarles.
- ¿Qué nos vas a explicar? A ver, guardavida, verdadero guardián de la bahía, correte que me subo a tu silla de umpire y te hago un petiso.

Mientras ese dialogo sucede, Libelulita riega las plantas en este blog.

6.2.08

ya tienes las postales del paraguay



Cada vez que me de paja escribir en el blog, tendría que volver a comprar bondiola de cerdo en la parrilla de Jujuy y 15 de Noviembre que ahora tiene un cartel grande que dice lo del Tano y más chiquito, como si hubiera que ocultar pero también mostrarlo, dice Mafia.
Mafia, suelto, como si se hubiera escapado. No estaba el Tano, sino la mujer del tano, que debe ser la única parrillera en el rubro. Del lado de adentro de la parrilla, que cada vez más me hace pensar en la cocina de una cárcel, un hombre charla con ella.
- Sí, hay que irse a Clorinda.
- Y después pasás a Paraguay.
El hombre es extraño; tiene el pelo largo teñido de rubio hasta la cintura y pone sus brazos en la cintura. La mujer del tano acomoda con la mano pedazos de carne y despeja moscas con el trapo. Las uñas del hombre no sólo están largas sino que además están pintadas de blanco.
- Sí, fuera de la Argentina.
- Claro, no importa por dónde paso, tengo que irme afuera del país.
Las uñas son lo de menos comparado con los dos bultos que se notan por debajo de la remera marrón del Zoológico de Escobar.
Cuando me da mi sanguche de bondiola, no dejo de pensar que eso ocuparía 40 páginas en una novela de Saer.
(*) picture from here

5.2.08

Moris trabaja de árbitro bombero

¿Por qué me bajé Pato trabaja en una carnicería? Odio visceralmente esa canción; la canto –para odiar bien, hay que conocer bien – y siento que estoy diciendo estupideces, en el mejor de los casos, o que estoy siendo falso, como me imagino a Moris escribiendo acerca de Pato, el pobre tipo que trabaja en una carnicería.
La voz falsamente impostada, la creída poesía urbana, el corito atrás que pertenecería a cualquier canción de Sandra Mihanovich y la postura de que estoy diciendo algo importante, que estoy tocando el verdadero fondo del conflicto social, no sólo eso, sino que estoy tomando partido, el partido correcto. Lo mismo pasa con el Oso. En el Oso, todos están del lado del Oso que fue enjaulado y en contra del burgués y viejo tigre, ese que se mantiene quietito detrás de las rejas.
Hay que tomar posiciones, hay que denunciar, hay que decir que el mundo no puede ser más que de otra forma: la que pienso yo, la que piensa Moris, que con su universidad de la calle (nunca la escuela siempre la vida), la sabe lunga. Los demás son todos unos giles. Y no sólo eso, sino que nunca existe el conflicto interno: o sos un gil o la sabés lunga.
¿Y quién es Pato?
Es el que”
tenés excusas, los otros tienen
que te mantengan para eso están
sos el burgués mas corrompido que existe
y te engañas pensando que sos un hippie
vos explotas a todos y no das nada
y eso es ser el peor capitalista
cuando tenés, te hacés el burro
vivís de arriba, que asco me das
vos te reís del mundo y de las personas
pero querés que el mundo te alimente
otros te proporcionan lo necesario
y vos seguís creyendo que es lo corriente
que inútil sos, que mantenido”

¿Un carnicero es culpable de todo eso, por qué no hace la revolución, la verdadera revolución?
O no, Pato trabaja en una carnicería es otra cosa; Pato trabaja en una carnicería porque trata a los demás como carne, como mercancía muerta; pero si Pato trabaja en una carnicería metáforica… ¿dónde trabaja de verdad? No importa, para Moris no importa. Denuncie, juzgue sin saber, pongase del lado de los buenos, que es el lado de Moris, obvio. Porque Pato, sea carnicero u otra cosa está del otro lado, del lado de los malos, del lado de los capitalistas. Por suerte, tenemos a Moris que nos hace dar cuenta de todo; que el Oso tiene que ser libre porque el oso sabe lo que es ser libre. Si hubo algo bueno en Tango Feroz, fue dejar al Oso en el lugar que le pertenece: en el hit de la Mega que emociona a las amas de casa entradas en años.

16.1.08

Objetos Maravillosos o decorando un buzón para su venta


Cuando en una de las cenas Afiebradas, Pailos me dio mi ejemplar autografiado de Objetos Maravillosas de Incardona, Zedi Cioso me dijo: “Está bien, son posts”; dije “ehhhhhhhhhhhhh”. pensando que el espíritu crítico de Cioso había ido bastante lejos; “pero es descriptivo, son los posts de su blog”. “Ahhhhh”
¿Cómo te dás cuenta que son posts y no son cuentos? Bueno, primero porque ya los leíste; después porque tienen la fecha, algo que necesariamente hace pensar en un diario.
Pero lo que distingue a Objetos Maravillosos del registro de un diario es que el narrador prácticamente está ausente, o mejor dicho, dá la impresión de querer estar ausente.
Cuando el vendedor vende un anillo o un aro, vende una historia, algo que no se relaciona inmediatamente con el objeto; vende “Eleva tu glamour hasta las nubes”, “Brillitos embriagadores”, no vende anillos o no vende aros. En cada uno de sus objetos, Incadona hace notar la plusvalía, ese resto que no se vería ni siquiera si su objeto se rompiera con un martillo. Y esa plusvalía se parece a un mínimo relato, a una mínima muestra de literatura.
Así, lo que va pasando a través de Objetos Maravillosos, un libro que debería leerse en cualquier imagen que para uno represente el mito urbano, son mínimos esbozos de personajes, de anécdotas que Incardona cuenta y con las cuales parecería tener una relación de apropiación póstuma y no de experiencia presente. Melancolía de Villa Celina, melancolía de la banda del barrio, melancolía que estalla cuando Incardona le cuenta a un amigo de la infancia los cuentos que lo tienen como protagonista central.
Los objetos maravillosos no son sólo los anillos y los aros, también son esos posts, porque el mecanismo pareciera ser el mismo; tomar un objeto, el metal o el papel, deformarlo hasta darle forma, antropomorfizarlo y dejar que el objeto esconda al autor. Vender el propio yo pero disfrazado de cosa, de otra cosa. Ahí, es donde empezás a darte cuenta de que capaz te hicieron leer cuentos cortos.
Como siempre, los vendedores hacen que los árabes compren arena.
(*)picture from here

6.1.08

La peor escena de Adrián Caetano


Crónica de una fuga es una gran película pero por una de las tantas razones por las cuales las películas argentinas mainstream son lamentables; Caetano toma la decisión de hacer una película de terror en un campo de detención de la dictadura. En vez de buscar este objetivo con un guión de género, lo hace en la dirección: las tomas de la casa de noche, una mansión iluminada, el empapelado de las habitaciones, la música, la iluminación de las habitaciones, etc.
A pesar de que eso termina siendo lo realmente interesante de la película (cómo darle el contenido a una forma típica, la de película de terror), Crónica de una fuga tiene en su comienzo una escena que es atípica en Caetano, siempre menos preocupado por las cuestiones morales que por las cuestiones narrativas. Antes de que lo chupen, el personaje de Rodrigo de la Serna, Tamburini, viaja en colectivo luego de su partido con Almagro; sube una embarazada y él le cede el asiento.
¿Por qué? ¿Para qué? Tener un gesto de cortesía es suficiente para mostrar que alguien es bueno, que alguien es un perejil, y que no debería ser torturado por el Estado?¿Los militares no tenían modales y por eso eran malos? Por supuesto, no quiero creer que Caetano haya pensado en alguna de estas opciones pero la escena está ahí; y esto podría significar que uno de los temas que las películas sobre la dictadura no han podido tratar es cuál es la moral de los desaparecidos; los torturados, especialmente cuando no tienen otra opción más que soportar las torturas o morir, son por definición víctimas y por lo tanto no son responsables de sus actos, si es que pueden realizar alguno. Darle el asiento a la embarazada contribuye a esta repetición del carácter del protagonista de la película de la dictadura, contribuye a mostrar el puro bueno y el puro malo.
¿Qué significa eso de la moral de los desaparecidos? Por supuesto, no significa que ellos sean responsables, no significa que ellos sean culpables; pero sí significa que podrían tener una dimensión más profunda en el conflicto entre delatar y no delatar, entre cooperar y no cooperar, entre su condición de militante y su condición de ser humano, etc.
(*) picture from here