type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx

17.4.08

un poco de realismo


Cuando uno sale a la calle y ve el humo en Buenos Aires y cuando uno prende Crónica que titula "El humo avanza sobre Buenos Aires" uno no puede dejar de anticipar el momento en el cual los gobernantes mundiales confiesen que no habían previsto las consecuencias del fenómeno climático en cuestión y que ahora hay que unirse para repeler la invasión del espacio.

13.4.08

bafici I: La Rabia

Antes de que perdiera otra vez el celular y que mi fin de semana se convirtiera en la lucha por encontrar lugares que me digan en qué hora anda el mundo, se había inaugurado el Bafici 08 para mis entradas.

Accidentadísima fue mi entrada a La Rabia de Albertina Carri: primero porque me pasé con el colectivo; después porque casi me torteo con un viejo que me robó un taxi y finalmente porque me tuve que sentar excesivamente adelante.

La Rabia es, entre otras cosas, una película de terror; probablemente, una de las mejores películas de terror hechas en Argentina. En la primer escena una niña de unos siete años aparece con ojos de maldad en el medio de un sembradío; mira a la cámara y todos suponemos que algo malo va a pasar. Bueno, pasa.

Nati, la niña, además de ser capaz de mirar de esa manera tan inquietante como amenazadora, es muda y tiene la costumbre de sacarse la ropa constantemente; también dibuja los monstruos con los cuales su padre la amenaza y las distintas imágenes que quisiera comunicar de otra forma, por ejemplo, que su madre se acuesta con el vecino.

Quizás uno pueda pensar en algo ligeramente parecido al Resplandor de Kubric; allí, lo que termina siendo filmado es la mente del escritor y sus proyecciones; acá, la realidad sigue sosteniéndose de una manera cruda y brutal pero está atravesada por animaciones rápidas y ambiguas de los dibujos que toman vida, y por una serie de gritos tan guturales como primitivos que uno supone que llenan los huecos que deja el silencio de Nati.

Cuando la película se estrene comercialmente, Clarín volverá a hablar de la provocación en el cine de Carri, lo cual, a pesar del lugar común, no deja de ser verdad. Quizás lo que hace interesante a la película es que todas las escenas realmente complicadas (la muerte de un chancho, de una comadreja, ciertas situaciones que la niña ve, etc., poner en la escena de la carneada del chancho un buzo que diga Save the Pandas) no son gratuitas ni son morbosas; todas colaboran a la idea de un terror muy básico, muy freudiano y muy escondido; un terror que también está citado con una larga escena con una motosierra, con distintos planos de la luna llena en el medio de la oscuridad del campo.

Nota muy aparte: En La Rabia actúa Dalma Maradona. Y si bien ella no tiene ni una línea de diálogo, su actuación es medida y adecuada. Pero claro, cuando la gente está con alguien que se llama Maradona siente que tiene que gritar Maradó-Maradó. Es raro que Albertina haya caído en la tentación de poner en la pulpería del pueblo, de la cual viene el nombre de la película, un banderín de Boca. Es más raro porque uno supone a Dalma diciendo que si ponían el escudo de cualquier otro equipo ella no actuaba.

11.4.08

pre-bafici


Se suben dos mujeres al subte; una tiene dieciseis años y la otra cuarenta. La de dieciseis tuvo hace poco tiempo marcadores de colores; con ellos se dibujó en la mano una bandera con muchos colores como el naranja, el verde, el amarillo y el violeta; abajo de ella, escribió con una lapicera gay. la de cuarenta hasta hace poco no tenía canas pero ahora las tiene y no las disimula.
No son madre e hija.
La de 40 se le acerca, le dice cosas en el oído, demasiado cercanas del lóbulo. A veces le aprieta el brazo hasta que los dedos quedan marcados en el blanco de la piel de la de 16. La de 16 la mira con indiferencia y no responde a ningún gesto.
La de 40 imagina que va a poder disfrutar de un cuerpo joven después de tanto tiempo cuando lleguen a la estación Scalabrini Ortiz; la de 16 imagina que va a poder subir fotos a su fotolog. La de 40 quiere que se la cojan. La de 16 quiere poder.

2.4.08

Irreversible


Llegar a la página 20 de un libro de Stephen King es como haber aceptado el segundo caramelo de un desconocido.



(*) from this friend fotolog

1.4.08

Rancho aparte: hablemos de otra cosa


Rancho aparte empezó al menos cinco minutos antes de lo previsto, imagino que por qué era la última función del domingo y nadie quería seguir trabajando en el Lorca; entré y como la pantalla estaba en un negro absoluto, la sala también. Reconozcamos que mi primer reacción fue “me tendría que ir de acá”; las posibilidades de la filmación de una película de terror o de la primera vez que un ladrón piensa ¿por qué no entro a robar en el Lorca? parecían bastante fuertes.

No, me quedé, prendí el celular (al pedo porque con la luz del celular enfocando el suelo apenas veía el comienzo de mi cintura) y me arrojé en lo que supuse era el primer asiento disponible que, efectivamente estaba disponible; más o menos a los tres minutos de estar sentado, la escena en la pantalla deja de ser protagonizada por la noche y cuando sale el sol, descubro que hay dos personas en el cine, incluyéndome.

Si yo fuera un tipo diferente al que soy, esa persona tendría que haber sido una mina con la cual después de terminada la película o en el medio, nos habríamos reído y habríamos empezado a gritar entre las voces de los actores. Pero era un hombre y trepó sus pies a la butaca de adelante. Estábamos a siete asientos de distancia; yo me saqué las zapatillas, las medias y creo que hasta me rasqué entre los dedos.

Rancho Aparte es una obra de teatro o la idea de una obra de teatro pensada por Julio Chávez y es bastante rara la decisión de haberla traducido a una película porque la trama ocurre prácticamente siempre en un único ambiente, el cual ni siquiera da la sensación de encierro. La historia en sí es la clásica oposición entre campo y ciudad, entre el que viene del campo a la ciudad y no entiende al campo y el que viene del campo a la ciudad, se queda y lo entiende y ya no quiere entender más al campo. La comunicación es imposible y Flehner se regodea en esa imposibilidad, creando situaciones que a veces son absurdas cuando quieren ser cómicas y a veces son angustiantes cuando quieren ser pintorescas.

Salí del cine, de nuevo a oscuras, y mientras la Avenida Corrientes se inundaba de ese clima postnuclear tan característico de las horas de la madrugada, pensé que mi novia debería ser cómo Grace Kelly en Rear Window.