Grizzly Man: naturaleza alemana
Desde hace algunos años, Herzog se dedicó a filmar documentales. El cambio no es grande. Falta Kinski pero sin embargo consigue otros locos. Como casi todos los que deciden irse a vivir al Polo Sur en Encounters at the End of the World o como Tim Threadwell, un activista ecológico que vivía con los osos pardos en Alaska y que, por supuesto, fue devorado por un oso pardo. Grizzly Man trata sobre la vida de Tim pero, como en toda edición que haga Herzog, va de muchas otras cosas.
El mito del estado de naturaleza que da origen a las teorías políticas modernas suponía muchas cosas pero la principal era que el hombre mantenía una relación tensa con la naturaleza y que una de las formas de escapar de esa tensión era conquistarla. Este motivo de conquista está en Aguirre, la Ira de Dios y obviamente, en Fitzcarraldo; el expedicionario, el aventurero que tiene el fin de dominar, de conquistar ese mundo salvaje, anárquico y principalmente irracionalmente frío. Todos fracasan en hacerlo.
Algo que caracterizan a los documentales de Herzog es la sensación de comodidad que uno siente cuando los ve; no importa que Tim esté a tres metros de los osos y que parezca que van a atacarlo indefectiblemente, no importa que Herzog escuche en sus parlantes el audio del momento en que el oso finalmente devora a Tim y se ponga a llorar; es inevitable que esos momentos donde el acento alemán de Herzog - lento y claro - aparezca en la película sean como si un amigo hiciera un comentario en plena filmación. Y los comentarios siempre son los indicados.
Una de las cosas que dice Werner es que Tim “ignoraba que en la naturaleza hay depredadores. Pienso que el común denominador en el universo no es la armonía sino el caos, la hostilidad y la muerte.”
Tomando eso como hipótesis de edición, Herzog va destruyendo la imagen contraria al mito del estado de naturaleza, la naturaleza buena cargada de sentimentalidad: lo que pretenden Tim y los Grizzly People es un retorno armónico a la naturaleza, un lugar donde el afán civilizatorio del hombre no haya llegado, donde la naturaleza buena y primigenia rousseauniana esté como transfondo. A medida que avanza el documental, esto se hace imposible: el infantil Tim, el descuidado Tim se va convirtiendo en alguien completamente irascible, alguien con un pasado de confusión y drogas que parece haber desaparecido como un pasado de pecados después de la redención, la cual encuentra en la vida natural, en el mundo salvaje. Pero en este mundo salvaje, justamente, lo que hay es salvajismo, anarquía y domino del más fuerte en un sentido primitivo. Otra vez el hombre fracasa en construir alguna relación con la naturaleza
Y entonces, cada vez que Tim le dice al oso que lo ama, al zorro muerto que lo ama, a la abeja muerta que la ama, las moscas sobrevuelan absolutamente todo; de hecho hay planos, donde las moscas caminan sobre el lente, magnificadas por el aumento, como una especie de monstruos.
En otro momento, en una de las escenas de las cintas filmadas por Tim, vemos un oso haciendo la plancha, en lo que parece una especie de zambullida lúdica, más propia de un zoológico que de Alaska; a los pocos segundos, Herzog nos dice: cuidado, eso es también signo de desesperación. El oso está intentando tomar aire para bucear hasta el fondo del lago y conseguir los últimos peces disponibles; en cuanto se acaben, se empezarán a comer entre ellos. O a comer cualquier otra cosa.
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