Tres meses tarde...
El tipo especial de foucoultianos pelotudos que mencionamos es el que cree que por establecer ciertas conexiones causales entre un lugar de (llamesmolo así) poder y una obra impide cualquier tipo de logro artístico, que lo hace inválido. Entonces, ni siquiera hace falta ver una película, ni siquiera hace falta comentar algo de eso. Tan sólo dicen que la FUC es una mierda, que Noriega estaba en Petinatto y que el Amante es el huevo de la serpiente. Sí, Los Paranoicos es una comedia argentina, sí, la pueden haber hecho en la FUC. ¿Y qué? ¿No te parece que tiene algún mérito?¿No te parece que el hecho de que la gente de treinta años la entienda y tenga una conexión con ella a través de El Mató – nueva banda de cabecera de este blog –, a través de un supermercado chino, a través de Daniel Hendler, significa algo? ¿quizás que te estás poniendo demasiado viejo? ¿No te parece que una película argentina que se decide a externalizar en otro personaje el problema existencial del protagonista se merece una mención positiva? ¿No te parece que es mejor hacer eso que películas que no tienen ningún éxito comercial pero, sin embargo, una lectura existencial que sólo está puesta en diálogos rimbombantes, en frases sacadas de las oraciones más largas y más aburridas de Faulkner? Claro, lo opuesto a lo clásico en el cine es una película de dos horas de un solo plano de dos chinos que se miran constantemente, sin hablar, sin hacer nada. Es tan opuesto al cine que se llama pintura.






