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14.1.09

Tres meses tarde...


El problema de los foucaultianos es que a veces se zarpan de pelotudos. Este es un buen ejemplo.
El tipo especial de foucoultianos pelotudos que mencionamos es el que cree que por establecer ciertas conexiones causales entre un lugar de (llamesmolo así) poder y una obra impide cualquier tipo de logro artístico, que lo hace inválido. Entonces, ni siquiera hace falta ver una película, ni siquiera hace falta comentar algo de eso. Tan sólo dicen que la FUC es una mierda, que Noriega estaba en Petinatto y que el Amante es el huevo de la serpiente.
Sí, Los Paranoicos es una comedia argentina, sí, la pueden haber hecho en la FUC. ¿Y qué? ¿No te parece que tiene algún mérito?¿No te parece que el hecho de que la gente de treinta años la entienda y tenga una conexión con ella a través de El Mató – nueva banda de cabecera de este blog –, a través de un supermercado chino, a través de Daniel Hendler, significa algo? ¿quizás que te estás poniendo demasiado viejo? ¿No te parece que una película argentina que se decide a externalizar en otro personaje el problema existencial del protagonista se merece una mención positiva? ¿No te parece que es mejor hacer eso que películas que no tienen ningún éxito comercial pero, sin embargo, una lectura existencial que sólo está puesta en diálogos rimbombantes, en frases sacadas de las oraciones más largas y más aburridas de Faulkner? Claro, lo opuesto a lo clásico en el cine es una película de dos horas de un solo plano de dos chinos que se miran constantemente, sin hablar, sin hacer nada. Es tan opuesto al cine que se llama pintura.

12.1.09

poniendo los discos al revés I


A diferencia de lo que ocurre con un disco de Xuxa o de Judas Priest, si vos das vuelta un disco de Arjona te sale exactamente lo mismo que del lado supuestamente correcto, con lo cual el problema de los indiscernibles se magnifica.

De vez en mes es una canción que aunque parece hablar de la menstruación femenina, sin embargo, habla de la menstruación femenina. La sutileza y el uso metafórico del lenguaje arjoniano puede hacernos pensar que está hablando de otra cosa, como, por ejemplo del trazado de una acuarela.

De vez en mes te haces artista Dejando un cuadro impresionista Debajo del edredón De vez en mes con tu acuarela Pintas jirones de ciruelas Que van a dar hasta el colchón

Por supuesto, Arjona trata de que las mujeres descubran su especificidad, su femineidad género sensitivo a través de sus letras, como una especie de gurú de la nueva espiritualidad que termine conduciendo a que ellas se vean liberadas de las ataduras culturales falocentradas y arrojen sus tampones y sus toallitas hacia el más allá, redimiendo retroactivamente a la primer escena de nuestra querida Carrie White. Quizás por eso, es que Arjona termina proponiendo sexo menstrual como forma de liberación.

De vez en mes Tú me propones Huelga de hambre Yo algo de imaginación.

Claro, uno podría pensar en otras variantes para el exceso imaginacional que propone Arjona, pero ninguna gozaría de tal sutileza; algo así como

Deja que nieva sobre tus ciruelas o Dejame prepararte un licuado de frutilla y banana.

Pero ¿dónde conduce esta visita higiénica, este llamado a la liberación femenina a través del sexo? Bueno, a defender el status moral de cualquier cosa que tenga algún lejanísimo efecto causal en la fecundación:

Y aunque hay receso obligatorio Y el cielo se hace un purgatorio (…) De vez en mes La cigüeña se suicida(…) El cielo te roba el milagro (…) De vez en mes Tu vientre ensaya para cuna

La sangre es sagrada, la sangre es el llanto corporal por el retoño que no hemos tenido, querida; entonces, ¿qué hacer? ¿bautizar toallitas?, ¿poner nombres a los tampones? O simplemente abandonar cualquier intento de reducir la tasa de natalidad? En última instancia, la liberación de la mujer se da a través de la Iglesia Católica. O a través de la música de Arjona que, como podemos comprobarlo ahora es un agente secreto del Vaticano. O es realmente un asqueroso.

2.1.09

Soñé que tenía que ir a todas las casas y pedir perdón; llevaba una caja de Garotos.

29.12.08

Cara de queso, la confirmación de un garca


En un blog maldito, escrito por un menemista confeso, se rememora a la década de los 90 como si hubiera sido la panacea de la clase media, algo que, por supuesto, no fue así o si lo fue, yo debía estar de viaje por Europa o pagando las cuotas de una heladera.
Durante mi adolescencia, que ocurrió en los 90, el mundo se dividía en categorías binarias y simples, sin ninguna duda sobre el criterio utilizado; por un lado, estaban los garcas que solían ser winners y por otro lado, estaban los loosers que sufrían por serlo, distinción importada que era una modernización de otra distinción, también importada pero durante la época del Rodrigazo, entre los populares y los no populares de la preparatoria estatal.
Cara de Queso es una gran película aunque le falten, al menos, 20 minutos para desarrollar todo el potencial que evidentemente está. Quizás la falta de presupuesto – poco probable – o quizás la necesidad de dar una imagen de panorama cotidiano que no necesariamente siga las reglas de bronce de taller de guión, terminan convirtiendo a Cara de Queso en una película más parecida a un histeriqueo detenido por el vómito del histeriqueado que a uno detenido por el mero placer de continuarlo luego.
Cara de Queso está ambientada en los 90 y eso no se ve pura y exclusivamente en las noticias que ve el padre del protagonista sino en una escena símbolo de esa distinción tan adolescente y simplista que nos mantenía unidos a nosotros, los futuros neuróticos de la clase media. El hermano de Cara de Queso tiene una novia judía como él, que es algo así como la prolongación de la madre del protagonista Ariel y no por su parecido físico sino por la combinada imposibilidad de salir de la sociedad matriarcalizada del judío burmaniano de Once.
La novia prácticamente vive en casa de ellos y aunque aún no tuvieron relaciones sexuales propiamente dichas, ello no impide que él le pida constantemente que se la chupe y ella se lo niegue. ¿Cómo salir de esa situación dilemática? El novio decide romper la relación, confesando un supuesto problema existencial propio del judaísmo y de la necesidad de romper el matriarcado. Ella llora. Él se mantiene firme. Luego de un silencio casi sepulcral, él le pregunta si lo quiere; ella dice sí; el dice entonces chúpamela y ella le dice sí. Y los dos se van de la mano, esperando que la adolescencia no termine nunca o que al menos los 90 se conviertan en un siglo.

(*)pic from here

18.12.08

El pederasta del barrio


Una compañera de secundario era la heredera de una casa de sepelios y se decía que para entrar en la casa tenías que atravesar distintos tipos de cajones, desde los hechos para la gente del barrio hasta los fabricados artesanalmente para los que se habían ido del barrio. El oficio de velatorista (digámosle de alguna forma) debe adquirirse de esa forma; por herencia. Nadie quiere ser velatorista pero alguien lo tiene que ser, del mismo modo que Shylock no quería ser prestamista.

Eso debe conducir a que si uno es hijo o sobrino del velatorista de X calle, uno puede desarrollar una personalidad y unas preferencias independientes del trabajo, de forma que por ejemplo, tengamos un pintor dadaísta que por la mañana aparta viejos lacrimosos y cierra cajones, un mal centrojás que por la madrugada sirve café y un chofer de limusina fúnebre que de noche sueña que cae dentro de una tumba.

Sin embargo, como todos vivimos en sociedad, uno imagina que esas cosas se esconden en el trabajo. No pasa lo mismo con el velatorista pederasta de mi barrio. Hace algunas semanas, ahora que cambié el chino del barrio por el Eki, no deja de parecerme excesivamente extraño el cartel que está en la puerta de la casa de sepelios. “Si sus pequeños llegan a tener algún problema con un extraño a la salida del colegio o alguien los roba mientras vuelven a su casa, dígales que se refugien aquí, donde los cuidaremos y confortaremos.” El niño, por supuesto, encantadísimo de entrar y probar la mortajita en el cajoncito especial.

Ahora que llega la navidad, señores padres, ustedes se preguntarán dónde hago que mis hijos tiren la cartita para Papá Noel y para los Reyes Magos. Bueno, no se preocupe, porque el mismo velatorista ha puesto, al lado del previo anuncio, el siguiente cartel adornado con globos y cruces: “Chicos, chicos: entren y déjenle la cartita a Papá Noel y los Reyes Magos.”

(*) pic from here