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27.3.06

Arena (III y se acabó)

¡Apuremos de un sorbo nuestras vidas,que mañana muy tarde ya será!
Pues la vida es tan frágil mis amigos,como es frágil la copa de champán.
(La garconniere - Carlos Gardel)


El espejo roto devuelve cientos de fragmentos de lo que podría ser una imagen; un único centro que, ya sin cristal, cumple la única función de mostrar dónde empezó el golpe.

A Noé no le hace falta ni mirarse; camina despacio, se para frente a la puerta cerrada del inodoro, lee dos o tres números telefónicos rodeados de líneas que configuran cabezas de penes, rodeados de la anarquía, del black nigger, de corazones con fecha; patea la puerta y adentro no hay nadie; solo papel higiénico que sale de la taza del inodoro, como si él tampoco soportara más su contenido.

Noé vuelve al salón y ahora lo miran dos borrachos y el que esta detrás de la barra toma un bate de béisbol y empieza a caminar hacia él. La lamparita solo lo deja distinguir algunas partes del cantinero: una nariz enorme y roja, una cicatriz surcando un camino entre granos, un tatuaje en el brazo repleto de pelos negros, y una mano de la cual salen destellos de anillos, del metal del bate.

Noé se queda quieto, sin miedo, sin ningún sentimiento, no mueve ni un músculo; el bate se acerca, le habla, le grita, Noé sigue parado ahí, como si le hubieran puesto pausa sólo a él mientras que todos los demás siguen su rutina. Antes del primer impacto del bate sobre sus costillas, Noé reconoce – a través del brillo de los anillos – a Artaíno.

- Vos tenés varios problemas, pero el que te va a joder de verdad durante toda tu vida es lo corto de mollera que sos; si te dieran un millón de pesos, te los olvidarías en el gimnasio o te convencería rapídisimo de que me compres todo lo que pueda tomar en una noche, en una semana, en lo que me queda de esta puta vida.

Noé debería saber que ahora, así tirado en el piso, tendría que taparse la cabeza con las manos, tendría que decidir que zona de su cuerpo proteger y aguantar hasta el final, hasta que se cansen. Pero cuando los dos borrachos entran en confianza y le empiezan a pegar patadas con sus zapatos de los que aparecen rastros de medias, Noé esta extendido a lo largo del bar, ofreciendo su cabeza, ofreciendo sus huevos. Uno de los borrachos lo agarra del cuello, lo levanta un poco, le grita, le pasa su aliento a años de rutina alcohólica, y le cruza la cara de una trompada y después otra y después el otro borracho empuja al primero y empieza a clavarle rodillazos en la nariz que ahora sangra, que nunca dejó de sangrar. Noé ya puede sentir el gusto de su propia sangre y el dolor de los golpes recibidos hace un rato se suma con los de ahora. El del bate se seca la frente, toma aire, calcula y le empieza a pisar despacio los huevos, aumenta la presión y ya siente que la suela de los zapatos está rozando el piso y ahí pisa más fuerte y después un poco menos y después repite toda la operación como si fuera un ejercicio que hay que realizar con un método preestablecido, sin saltearse nunca un paso; cuando otra serie de trompadas del primer borracho empieza a llegar, Noé reconoce que el primer borracho es Artaíno, que el segundo borracho es Artaíno y que el que le está quebrando las rodillas con el bate es Artaíno y que el bate es Artaíno y que la luz viene de Artaíno.


(this picture was taken from here)

25.3.06

Chicos de Sergio Bizzio: multitudes y equilibrios

Como todo lo que hago últimamente, leer Chicos de Sergio Bizzio provino de un capricho, el cual trato de purgar haciendo que argumento acá; el asunto es que leí en la Llegás una nota de Fabián Casas respecto de “Evidencias del lugar del hecho”, una reunión de escritores en un mítico hotel de Ostende. A esa reunión había ido Bizzio; por lo que contaba Casas y por lo que pude leer de él, descubrí ciertas obsesiones compartidas: el pánico al avión, una vida completamente esquizofrénica y dividida, etc. Sí, así de caprichosa están mis lecturas por estos días.

En una de las entrevistas estándar que le hicieron a Bizzio, dice respecto de Chicos que lo que otorga una unidad temática a este libro de cuentos es el tratamiento de lo menor. Sin embargo, esto sólo es verdad si por menor entendemos menor de dieciocho años.
A lo largo de Chicos, la mayoría de los protagonistas son adolescentes que descubren conflictivamente el amor o el sexo, o el amor y el sexo, dos temas que se encuentran lejos de ser menores; en Cinismo, un chico de quince años descubre lo que todos más o menos sabían: su homosexualidad; en Lo Denso, una joven descubre que trajo desde España a su casa un idiota y que, encima, se le escapa el pito cuando duerme la siesta ante las atentas miradas de la familia de ella; en Un amor para toda la vida, el amor adolescente tiene consecuencias eternas, etc. etc.

Bizzio intercala recursos trilladísimos y anticuados para “”reflexionar”” sobre la literatura, algo que no parece ser excesivamente necesario; así, por ejemplo, la intervención casi brechtiana del autor en el medio del relato: “ahora hagamos dos cosas fundamentales: hablemos del futuro, y resumamos”, “Por encima de él, Uma advirtió que… (no importa, no hay tiempo)”, “Vean ustedes con qué naturalidad pasa el tiempo en la literatura”, etc.”, termina siendo más un obstáculo a la lectura que algo interesante para leer.

Lo más interesante – al tiempo que lo complicado – que tienen estos cuentos de Bizzio es la multitud de personajes que pueblan cada uno de ellos; por un lado, convierte a los cuentos en mucho más que el relato de una historia – o si se quiere más que en las dos historias que un cuento debería contar -, los convierte en un conjunto a punto de caer al abismo. Por ejemplo, en Gripsi, dos extraterrestres diminutos se le aparecen a un escritor de origen japonés; una vez que los extraterrestres se van, el cuento – creo – debería terminar; sin embargo, continúa con la historia del escritor japonés; en El Tótem pasa algo parecido; la historia principal, que va variando de protagonistas a lo largo de las páginas, termina con uno de ellos mirando hacer el amor a dos adolescentes que nunca habían aparecido. Estos cuentos podrían narrar otra historia más y sería lo mismo; lo arbitrario de las supuestas relaciones, lo arbitrario de que se encuentren en el mismo cuento, termina duplicando el cuento sin mucha necesidad. Por otro lado, eso genera problemas evitables de manera sencilla; frente a esa multitud de personajes, no es difícil (Lo denso) que se de un nombre a un personaje ya introducido previamente sin nombre y no establecer una correlación entre un momento y el otro.

Hay dos cuentos – quizás, los más medidos, los más correctos – que están muy bien: uno de ellos es Malcolm, la historia de un pato que decide vengarse – de una de las formas más terriblemente descriptas - de unos gatos que lo violaron; curiosamente, algo que el mismo Bizzio reconoce, en esta historia, que por convertir a un pato en un ser racional, parece ser más una historieta (lo curioso viene de acá, de que si se quiere, la historieta es otro género) que un cuento, Bizzio logra un equilibrio bastante adecuado entre todos los personajes y la historia principal.
El otro cuento, Un amor para toda la vida, es, probablemente por el tono intimista y cuasi autobiográfico de la historia, el más logrado – bah, el que más me gustó:
“- Lisa… - le dijo -. Desde que te fuiste no pasé un solo día sin pensar en vos. Toda mi vida te di vueltas… di vueltas alrededor tuyo toda mi vida. Cuando me casé, pensé que si algún día volvías y me seguías queriendo, yo podría dejar a mi mujer. Cuando mi mujer me dijo que estaba embarazada, lo primero que hice fue lamentarme, porque pensé que si volvías yo no iba a poder dejar a mi hijo. Todo lo que hice, lo hice siempre pensando en vos. Y ahora…”

23.3.06

la mediocridad de la correción política


Hace unas semanas me sorprendió bastante que George Clooney se hubiera convertido en un director afamado, crítico de izquierda y con un cierto aire de prestigio artístico, con lo cual abandoné mis prejuicios acerca de E.R. y fui a ver Good night, good luck.
Ambientada en pleno auge del maccarthismo, con escenas donde el mismo McCarthy es quien acusa de comunistas a todos y principalmentea Edward Murrow, el protagonista, la historia deja bastante que desear desde un punto de vista, llamémosle, geográfico.
En Everyone says i love you, al hijo de Woody Allen le descubren que tiene una afección cerebral, por medio de la cual su cerebro no posee la ventilación necesaria para funcionar adecuadamente; una vez que lo tratan y el cerebro queda oxigenado, deja de ser un republicano fanático y adopta posturas demócratas, algo así como que se hace de izquierda.
Good night, good luck es, para el público estadounidense, una película emblema de la izquierda que toma uno de los episodios políticos más estalinistas de la derecha en el poder. Así como Johny debe su republicanismo a un cerebro en malas condiciones, Good night, good luck debe al republicanismo maccartista que su película tenga un mensaje trillado de correción política. El discurso final del protagonista está mucho más cerca de lo que podría decir Jorge Rial luego de ser atacado de producir televisión basura, que de una postura política interesante.
Parece ser mucho más sencillo, mucho más estándar y mucho menos exigente enfrentarse con la derecha americana; casi no se requiere esfuerzo para pertenecer a los liberals; al mismo tiempo, el extremo de la derecha americana parece siempre convertir al debate en algo siempre básico, siempre inicial; en el fondo, todavía siguen discutiendo si los otros son iguales a los blancos.

21.3.06

todos por lo mismo


Ayer estaba en el tren y un muchacho leía un libro de Paulo Cohelo. Opté por la interpretación más sencilla, seguro que se lo había recomendado una chica que le gustaba. Igual que el que está leyendo Bakunin para levantarse una anarco-sindicalista. Y, claro, yo estoy escuchando Thelonius Monk; la diferencia es que a mí me gusta de verdad.

18.3.06

La necesidad de un apodo

Sí, ya sé por qué no lo hago pero, de todas formas, tendría que llamarla. Creo que estaba bastante bien. Pero se llama Nancy y eso me desmotiva profundamente.