type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx

25.5.07

1.4.07


Es domingo. Willy Cañas no parece poder remontar el partido contra Djokovic. En el cuarto está Mason y Dixon. Más tarde, River empatará - en el mejor de los casos - con Colón. Me faltan 100 páginas para terminar Quieres hacer el favor de callarte? pero las guardo como el último vestigio de felicidad.


En ninguna parte de este domingo está la idea de escribir en este blog. Desde hace un mes que no la tengo. Prefiero escribir lo que podría convertirse en mi primer novela. O escribir mi tercer artículo. O ver una peli.

Así que, gente, me voy. Si tengo ganas, estaré en el Mate Tuerto - donde ya me garantizaron el asilo político - o en Afiebrados. Y quizás, algún día vuelva. Quién sabe.

Gracias a todos los que leyeron a PH.
(*) la foto de Pacha, como corresponde

27.3.07

La tele arruina la memoria


Parece que Volver va a empezar a pasar Kanal K los miércoles a la noche. No puedo creer cómo me había olvidado tan rotundamente de ese programa que véía con religiosidad; es como si un día me olvidara de la única vez que pretendí detener violentamente un partido de fútbol (Dep. Español - Argentinos Juniors 5-0). Era el 98, mi primer año en la carrera; uno salía corriendo de semi-escuchar de Platón y de la lógica de enunciados, se colgaba el famoso enterito y de la cabeza a una tribuna de unas 300 personas en el mejor de los casos.


Español estaba por descender, en Argentinos jugaban cuatro jugadores que habían sido de Español (Pontiroli, Potenzoni y algunos más) y le habían pedido la quiebra; al cuarto gol, la tribuna compuesta siempre por una proporción de españoles nativos y otra de españoles de segunda y tercera generación (en cuanto cayó la primera, la segunda se derrumbó; probablemente por qué ir a la cancha era recordar a los muertos, tanta era la tradición hasta en la ubicación de cada uno), comenzó con los viejos insultos, escupitajos hasta que alguien dijo: "Tenías que ser tano, Pontiroli hijo de puta".

Como el grito de Guerra de la Armada Invencible, dieciocho personas - entre las cuales me contaba - saltaron al alambrado con intenciones claramente destructivas. El partido no necesitó detenerse; mientras tres policías nos bajaban sin tener que mostrar ni el palo, Argentinos hizo el quinto gol.


(*) foto de acá

14.3.07

Babel: la hermana con capacidades diferentes de Amores Perros

(montones de spoilers)


Babel, en el fondo, debería ser pensada como la segunda parte de Amores Perros o como una remake. González Iñárritu intenta llenar de nuevo el formato de tres historias que se entrecruzan. Pero ese ni siquiera es el problema principal. Más bien es que al querer perfeccionar el formato – que no es más que un recipiente vacío y no bueno en sí mismo – lo que hace es generar nexos de una causalidad lineal apta para el público más hollywoodense posible. Al hacerlo, las causalidades que entrecruzan las historias se hacen caprichosas e inverosímiles; un japonés cazador viaja a Marruecos, le regala a su guía un rifle, el rifle es vendido por el guía a una familia de beduinos, los beduinos disparan a una norteamericana, la cual dejó sus hijos en Estados Unidos a cargo de su criada mexicana, quien los lleva al casamiento de su hijo en México, etc., etc.

Amores perros tenía como punto de contacto un choque entre autos; y ese choque no producía más que cambios en la vida de cada uno. En Babel, González Iñárritu necesita mucho más que un único hecho para modificar la vida de cada uno de los protagonistas. Y lo peor de todo es que esos hechos, que son políticamente “polémicos” son tratados como lo haría un buen cagón: es decir, tratando de quedar bien con absolutamente todos – con los que tratan de pasar la frontera a Estados Unidos y con los que impiden que lo hagan – y eso produce algo tibio, sin energía. Algo que se ve en el final, si se compara con el de Amores Perros: un final casi feliz para Pitt y Blanchet. Porque claro, los norteamericanos no se mueren cuando querés ganar el Oscar.

9.3.07


Leí American Psycho en 4 días. Mejor que no postee hasta que se me vaya el deseo de estaquear el orto de un desconocido con un paraguas con una punta de metal; afilada; oxidada; de Brook Brothers. O hasta que lo concrete.