¿Qué se puede hacer con un tanque de oxígeno?
¿Cuánto del miedo que uno sentirá a partir de ahora frente a la visión de un tanque de oxígeno es culpa de los Coen? Un cien por cien. Bueno, un noventa y cuatro; el resto es de Javier Bardem con el peinado más Willy Wonka que uno podría imaginar.
La película es lenta, cansina como el desierto que rodea a la acción. El mexicano que se muere desde hace dos días en una camioneta abandonada ve transcurrir el día, la noche, sabe que se va a morir. Por eso el final es el que tenía que ser. Si hay algo que tiene No country for Old Men es precisamente esa escena: el mexicano de la camioneta ve llegar a Llewellyn y cree que lo va a ayudar, que le va a dar agua y que el no se va a morir. Sin embargo, Llewellyn no lo ayuda y él se muere; y cuando quiere ayudarlo, ya se murió.
Así es No country for Old Men: todo lo peor, todo lo que uno teme paranoicamente para los personajes les ocurre. Lo grandioso es que también podría no haber salido así; también podría triunfar el otro en vez de Chigurh, el personaje de Bardem. Pero justamente esa posibilidad de salvación es la tensión que, por ejemplo, hace que cuando terminan ciertas escenas uno sienta que puede volver a respirar con relativa tranquilidad y calma.
El hecho de que la película sea lenta, que tenga una fotografía de un apagado amarillo, que todo parezca estar como detenido en el extraño código temporal que supone la cercanía entre el sur de Estados Unidos y la frontera con México, es algo así como la mejor decisión posible tomada por los Coen. El protagonista de la película (hay un protagonista?), el sheriff es un hombre que está a punto de retirarse porque ya no entiende a la delincuencia contemporánea: y la delincuencia contemporánea le muestra de esa manera lenta y pausada, como si le explicara de la forma más clara e irrefutable, algo que él también sabe pero que tarda en reconocer: que él nunca va a ir a la velocidad de los tiempos modernos. El sheriff nunca llega antes, nunca tiene la capacidad de predecir los movimientos del otro. El sheriff debe jubilarse.
En general el predicado “lento” adjudicado a una película no armoniza bien con el predicado “tensa”; acá sí porque, precisamente, cuando más cerca estás de dejar de respirar es cuándo más dura la espera; la espera de Llewellyn; la espera de Chigurh, la espera del sheriff. Todos esperan que algo suceda. Y sucede lo que la lógica de un psicópata como Chigurh dictamina.






