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20.10.08

Así te recibe Parque Patricios



Me bajo del 6 en la Avenida Jujuy con mi valija verde con rueditas a las 11 de la noche. La avenida, como siempre a esa hora y a esa altura, está vacía. Mis dos primeros pasos se ven interrumpidos por un pico de botella, el cual piso. Dos pasos más se interponen con un picor en la nariz; faltará sólo un paso para reconocer que ese picor es gas lacrimógeno, como el de la cancha y como el del 20 de diciembre.
Miro hacia la avenida que queda atrás y cuatro patrulleros están clavados mientras los policías deben reírse. Miro hacia la otra avenida y cuarenta hinchas de Huracán se suben corriendo y desesperados a varios colectivos escolares.
En el medio de la nube de gas lacrimógeno, las ruedas de mi valija hacen ruido contra el vidrio roto. Tardo media hora en hacer las tres cuadras que me separan de mi casa.

12.10.08

Dos opciones para ¿Cómo desaparecer completamente?


¿Qué cosa mala puede pasar si algo tiene el título de una canción de Radiohead y si en la tapa del libro hay un tipo agachado con unos pijamas ingleses, en el mejor estilo de reviente de Trainspotting?

En Cómo desparecer completamente, que no trata acerca del sueño que Thom Yorke tuvo cuando volaba Irlanda, Mariana Enríquez juega con una tensión evidente entre dos culturas urbanas: la del conurbano, rodeado de pobreza, marginalidad, drogas como subsistencia y ríos contaminados y la de Palermo, o más precisamente, la de la Bond Street, donde hay apertura mental, drogas como experimento, y gente copada que sí “te invita a su casa a dormir.”

El que no vive esa tensión sino que la soluciona casi sin pensarlo es Matías, el protagonista de la novela, que cargando con una historia personal de abuso sexual y neurosis extrema, y una familiar de muertes por narcotráfico, abandonos, suicidios frustrados y renovaciones evangelistas, cree que lo mejor, lo que lo va a salvar va a ser, no justamente desaparecer completamente, sino aparecer en otro lado, aparecer en Palermo.

El hecho de que Matías prácticamente no viva esa tensión como tensión sino como la huida al mundo perfecto genera una duda: o Enriquez cree efectivamente que la salida está en Palermo, en el mundo de las fiestas electrónicas y de las marchas homosexuales o cree que el problema es el propio protagonista, un pendejo bastante insoportable respecto de la autocompasión y la paranoia respecto de cualquier mirada externa a él.

Si cree lo primero, Como desaparecer completamente no es sólo políticamente incorrecto sino casi la justificación de un discurso concheto acerca de por qué las fiestas no deberían hacerse más allá del límite de Avenida Rivadavia y La Plata si Enriquez cree lo segundo, la novela se hace exponencialmente más interesante por la ironía que supone un verdadero escape hacia la nada, una huida que supone exactamente los mismos riesgos por los cuales uno huyó. Eso es más Radiohead. La primera opción es, no sé, más Spice Girls.

3.10.08

La Soufriere: el campeón de los estoicos


Se anuncia la erupción de un volcán en una isla de las Antillas Francesas y los diarios europeos registran que toda la población ha sido evacuada salvo un individuo que se negó a hacerlo. ¿Quién corre hacia las Antillas Francesas? Sí, claro, nuestro amigo del mes, Werner.
La Soufriere es como una especie de comedia de enredos puesta en un trasfondo de drama existencialista. ¿Cómo se comportan los adultos conscientes y autónomos frente a la cercanía evitable de la muerte? Se corren de ella. Ahora, si hay uno que no lo hace, ese debe ser un campeón de los estoicos, un Crisipo cualquiera.
Apenas llegan a la isla, todo es como lo prometido por los cables noticiosos; las calles desiertas, los semáforos que siguen dando rojo a nadie, los perros muertos de hambre; el decorado perfecto para el apocalipsis moderno. Sin embargo, todo empieza a fallar cuando uno de los camarógrafos de Herzog se olvida una de las lentes de la cámera mientras huyen de una emanación tóxica del volcán; encuentran, no a uno, sino a tres estoicos, los tres durmiendo.
Los despiertan y claro, no son estoicos sino que simplemente no les importa nada. Uno de ellos incluso dice algo así como “bueno, si quiere, usted puede evacuarme para que me reúna con mi familia pero también me puedo quedar y morir.” Y la cámara se aleja.
Es raro que un documental de Herzog dure tan poco, menos de media hora. Quizás la causa de esto es que el volcán nunca hizo erupción y nadie pudo demostrar su estoicidad.

30.9.08

La gente que llama a la radio


Radio Rivadavia era omnipresente cuando la casa de mi abuela estaba más llena de gente viva; mi abuelo esperaba, con la religiosidad propia del que antes tenía alguna ocupación verificable, el pitido que anunciaba que iban a decir la temperatura, la humedad y el pronóstico para el resto del día. Después no importaba ninguna noticia; la única noticia relevante era la que se podía comentar en el ascensor.

El sábado a la noche en Rivadavia hay un programa que se llama Tristemente Célebres y que, obviamente, trata de la historia del crimen en la Argentina. La estructura del programa es la más obvia posible: música de heavy metal que lleva a las tandas (fundamentalmente Slayer) y baladas de heavy metal (los vendidos de Metallica) como cortina de los relatos del conductor sobre los distintos crímenes.

Los relatos no se distinguen de cualquier noticia escrita en Crónica aunque quizás tengan más adjetivos moralizantes del estilo “el siniestro malviviente”, “el festín de sangre carmesí”, “su aventura mortal”, etc.; al mismo tiempo, los lugares de los hechos quedan marcados a fuego por ese crimen: “la población de Rafael Calzada recordará por siempre el horroroso rito de los malhechores”, etc.

Y entonces lo que parecía algo potencialmente escalofriante o divertido, según de que lado uno ponga el morbo, se convierte en el espacio de denuncia bastante obvio acerca de la inseguridad con sus consecuentes pedidos de encerrar a los enfermos, de las demostraciones científicas, del pedido de justicia y de la especificación de que la justicia consiste en la pena de muerte.

Sin embargo, lo mejor del programa está en otro lado, en los mensajes de los oyentes. Gente como uno, un poco traumada de ver tanta sangre en la tele, en los diarios, en la literatura; gente que devora todo lo siniestro, lo macabro y lo goza de esa manera más bien perversa. El ejemplo más claro de esto son los tres mensajes seguidos de Aldo de Luis Guillón en los cuales primero pregunta si se supo algo más de esos casos de robo de órganos en personas vivas, que por qué no se habla más del tema; luego pregunta si se supo quienes habían matado las vacas y las ovejas en el sur; luego pregunta si se descubrió si fueron los extraterrestres o los que roban órganos. El programa termina pero uno piensa en la cantidad de mensajes que podría dejar Aldo.

19.9.08

Soñar un guión


Estoy en la cancha de River; me siento en la platea baja. No sé quien juega pero al rato de estar se me cae un diente. Corro al baño y escondo la mochila en un asiento. Mientras llego al baño, me doy cuenta que salí de la cancha y que muy probablemente la mochila no esté cuando vuelva. Me encuentro con un amigo de la secundaria y me pregunta desde cuándo me faltan los dientes. Hace mucho, creo que digo. Cuando queremos entrar en la cancha, saco el carnet de River y me doy cuenta que tengo la billetera de otra persona ¿hace cuánto tengo la billetera de otra persona? ¿Toda la vida? En todo caso, el boletero mira la foto y no encuentra problema alguno en reconocerme Entramos por la boca que sale directamente a Los Borrachos del Tablón; creo que estoy preocupado por haber perdido la mochila pero más preocupado porque ahora soy otro. Me siento, abro la billetera y saco la foto de una mina que no es Dolores Fonzi. Una voz de Parissienes durante 40 años me dice desde atrás. Llamala. LLamala vos o la llamo yo. ¿A quién?. A ella. Llamala y vas a ver cómo te reconoce; y si la hija de puta de mi esposa te reconoce, te cago a tiros.
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