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12.12.06

La lengua del malón: ¿adónde te llevan las contradicciones?

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Como cuenta el propio Saccomano, La lengua del Malón solo cobró sentido cuando apareció el Profesor Gómez queriendo contar la historia de una pareja de lesbianas y de la novela de una de ellas dentro de una caja más amplia, la que le proporciona la reflexión del propio Gómez acerca de la situación política previa a la caída peronista del 55 y la relación con cierta cultura “culta”.

El problema con la idea y la técnica de las cajas dentro de las cajas no es ella misma, sino cómo se da la relación entre una caja y otra caja porque la metáfora de la caja es mala. Una caja puede recibir cualquier tipo de contenido; sin embargo, para que una novela sea estructurada en esa forma, la caja contenedora tiene que tener una cierta continuidad de ritmo y flujo con el recipiente. Ahí es dónde probablemente, la Lengua del Malón suene, al menos, un poco forzada.

La caja mayor, la del Profesor Gómez, es la que tiene más pretensiones y la que intenta erigirse como la novela “académica” en varios puntos: por un lado, Gómez es un “cabecita”, es peronista pero es profesor de literatura, traductor de Stevenson y homosexual. Claro, el tema acá es el pero.

En principio, lo que quiere hacer Saccomano con esta figura es mostrar la contradicción de la manera más clara; ¿qué se gana con una contradicción? Depende: la diferencia entre la lógica formal y la dialéctica marxista es que en la primera de una contradicción se deduce cualquier cosa (y esto, en principio, no es bueno porque termina convirtiendo a aquello que se deduce en una obviedad), mientras que para los segundos, de una contradicción se genera una nueva figura dialéctica (en breve, se deduce la revolución).

Es claro que al autor le sirve más pensar en esta segunda forma de contradicción: porque, en definitiva, es la que le permite construir la identidad de su literatura y la de Gómez como oposición a la literatura “culta” de Borges y de Ocampo, es la que le permite armar su “otro” a eso (no hay otredad sin otro frente al cual ser otro). Gómez vive sus contradicciones como internas, como existenciales: deja artículos para que se publiquen en Sur, decisión que lo deja en un sentido de culpa exacerbado, propio del que quiere dejar de ser otro. Esa misma relación de contradicción es la que legitima la lectura de toda la literatura argentina dominada por Borges como regulada por la dicotomía entre civilización o barbarie.

Si Civilización y Barbarie es una contradicción, civilización o barbarie es una tautología y las tautologías no tienen contenido informativo. Está bien, hay que tensar la interpretación pero sí es verdad que en tanto Gómez ve la necesidad de elegir entre civilización o barbarie, la novela se hace pesada, académica y, principalmente, sin mucho más que un discurso que mucho tiene que ver más con un resentimiento y una bronca que con otra cosa.

El Profesor Gómez, por ejemplo – y acá está el nervio del problema -, no tiene historia previa a la que cuenta. Es claro porque no la tiene: porque Gómez es una construcción teórica de contradicciones que a veces se hace un poco demasiado obvia. Sin embargo, Saccomano parece perder una buena oportunidad ahí. En vez de establecer la contradicción como un hecho, podría haber contado cómo se arriba a esa contradicción: quiero decir: al menos a primera vista, parece interesante cómo llega un “cabecita negra” a convertirse en traductor de Stevenson. Por el contrario, lo que hace es mostrar la consciencia de Gómez de esa contradicción, lo cual era claro, aún cuando el no fuera consciente.

Lo más raro es que todo esto es el principio del libro y el final. Reconozco que estuve a punto de dejarlo en el estante de los libros que nunca terminaré de leer. Sin embargo, un día me olvidé de poner otro libro en la mochila y dado que lo seguía teniendo ahí, lo seguí leyendo. Menos mal.

La caja contenida es tremendamente más interesante que la contenedora; y la diferencia, si se quiere y esto es lo que más interesante parece, no tiene que ver con que ésta otra parte no sea parte de una novela académica. Muy por el contrario. El profesor Gómez, el hombre de la contradicción que casi no puede accionar durante toda la novela, el hombre que carece de un pasado contado – salvo su “despertar” sexual -, cobra sentido dramático en La Lengua del Malón al convertirse en el testigo mudo durante treinta años de una historia de amor de lesbianas en plena decadencia peronista.

Lia y Delia envueltas en un amor que no se nombra, que se prohibe desde todos los círculos, los oficiales y los no oficiales. Claro, cada una de ellas tiene, además, sus contradicciones internas: Delia está casada con un marino que está complotando en contra del gobierno; Lia trabaja en La Nación. Sin embargo, estas contradicciones dicen y generan mucho más que las anteriores: Delia escribe una novela que, leída bajo los ojos tremendamente atentos y punzantes del Gómez teórico comprometido y no del teórico en abstracto, es una reescritura violenta y antágonica de La Cautiva, entendida como uno de los mitos literarios fundacionales.

Lo que decía antes de la relación entre las contradicciones y la falta de pasado del Profesor Gómez se ve claramente en la historia de Delia: Delia sí tiene un pasado familiar que tiene sentido y que explica, al menos en parte, la elección del tema de la novela. La madre de Delia ha sido abandonada por los indios en uno de sus ataques anuales y ha sido criada por los patrones de la estancia, por diversas institutrices de Inglaterra, ha viajado por Europa y, sin embargo, en algún lado sigue conservando un cierto espíritu de rebeldía y anarquía – no encuentro palabras mejores pero no son exactamente esas – que se trasladan a su hija que casada con un marino no puede terminar de aceptar el papel de madre, de esposa sumisa y de futura Pando.

Mientras la relación de Lia y Delia se hace más sórdida, más sexual, más paranoicamente perseguida y negada por las mismas protagonistas, la novela de Delia se convierte en una especie de analogía clara de una novela maldita que rompe todos los canones del mito fundacional. Pichimán, el indio que roba a la protagonista de ella, quiere violarla pero finalmente termina siendo “sometido” a una sesión de sexo oral por Delia, para luego convertirse en casi un esclavo sexual de D, la protagonista. D de cautiva a reina sexual con séquito de indias celosas.

La construcción de Saccomano de la novela de Delia, La Lengua del Malón, siempre parece más vertiginosa y vehemente que su intento académico abstracto. Quizás la causa sea lo que siempre ocurre en las novelas académicas. Sin algo concreto sobre lo cual teorizar, la teoría se hace yerma, árida y con rasgos potencialmente metafísicos (en el mal sentido de lo metafísico). Quizás los objetivos de las cajas sean distintos: mietnras que en la caja Gómez, la teoría es “la literatura es necesariamente política”, en la caja Delia/Lia la teoría es: “
la literatura es más que el género literario”. Y me gusta más, mucho más, esta última.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

me diste ganas de leer el libro.

Una vez conocí un tipo q se llamaba Pichimán, iba a cazar al campo con una bicicleta, un rollo de tanza (para arreglar las gomas de la bici) y unas boleadoras.

saludos

Desdichada dijo...

El post anterior me gustó mucho, fue como leer la misma historia en una diferida repetición. seguiré pasando, saludos!

No era tan gorda dijo...

podés mandarnos una colaboración que necesitamos nuevas historias, la idea es contar el peor bicho que te hayas comido !!

Playmobil Hipotético dijo...

mauro: gracias por pasar; la gran pregunta es para qué las boleadoras? una pregunta digna de un cuento.
Desdichada: gracias por pasar y por lo que dice; era un poco la idea compartir la aparente elasticidad del tiempo.
No era tan gorda: bueno, tendría para hablar bastante del tema...

Mariana Amado dijo...

yo se que, yo se. Tambien se que la contradicción es más como una habilidad instintiva (que otros
tildarian como cobardia)... La diferencia (carencia) puede estar en una que otra palabrita suelta.... cada quien exige lo que cree que le corresponde.

Y practicamente eso.

Matías Pailos dijo...

Por mi parte, confieso, prefiero eso que en filosofía se da en llamar 'equilibrio reflexivo'. Me gusta que haya un costado académico (o de alta cultura) y otro de pura acción (y sensación y, cacofónicamente, emoción), relacionado, en mi mente o mi corazón, con lo que está afuera de lo culto (o académico). Pero la cosa me gusta menos cuando ambos polos están separados que cuando están juntos, ayudándose, peleándose, siendo uno y muchos.
Por lo que contás, las cajas menores son, cada una de ellas, no acción pura, sino esa tensión que reclamaba.
Si la otra, la caja mayor, no es buena literatura, no es por puramente académica. Si fuera pura acción tampoco satisfaciría. Lo que me (quizás, lo que nos) llena es la mezcla.

Anónimo dijo...

las boleadoras eran para cazar, para comer.
el tipo iba a cazar así, con eso nada más, creo que llevaba un cuero para tirarse a dormir

saludos

dulceduende dijo...

La omisión de la historia previa de Gómez refuerza su carácetr contradictorio, que a la vez revela un aspecto esencial en la historia de nuestro país,signado por la dualidad. Ahí tiene sentido la ausencia del relato de la vida del profesor