type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx: Adiós, fucking Bafici (IV)

22.4.06

Adiós, fucking Bafici (IV)


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La leyenda del tiempo
Dos historias no confluyen alrededor de Camarón de la Isla y alrededor de San Fernando, la isla de Camarón. Por un lado, la mejor parte de la película habla de un chico gitano que no canta más por respeto al duelo de su padre; la segunda parte, la peor, tiene como protagonista a una japonesa que quiere cantar como Camarón y que, obviamente, no lo logra. La primer parte está realmente muy bien, aunque el director no tiene casi ningún mérito en eso, sino que los actores producen un clima tan natural que a veces parecería ser un documental; la segunda parte no sólo no está muy bien, sino que pierde toda la naturalidad del comienzo. En el medio de todo está el viejo prejuicio catalán respecto de los andaluces: que son vagos, que están todo el día de fiesta y contentos y que se la pasan cantando porque no trabajan nunca. En vez, los japoneses sí trabajan y sí se esfuerzan (a pesar de que se esfuercen en cosas tan extrañas a su idioscincracia como cantar cante jondo.)

Calificación: -2$ en caja de ahorro

The bed you sleep in
Una historia laboral de clase media estadounidense, con todos sus clichés, sus pacaterías y sus argumentos forzados, termina desanudándose en un conflicto familiar denso y adicto al suspenso. El buen manejo que hace Jost de los tiempos y las velocidades de la historia es, sin embargo, superado totalmente por la riqueza visual de los planos, la creatividad en la forma de exponer las imágenes expuestas y en una fotografía que, a pesar de ser vieja, termina convenciendo.

Calificación: $2 más pagaría por verla

Historia subyacente
Mientras en la película de Jost la película dejaba de ser lenta para llegar al punto clave de la historia, por el pasillo del cine empezó a subir las escaleras una sombra con un sombrero; avanzaba despacio, como si le costara llegar a algún lado o como si no quisiera llegar a ese lado. El sombrero – o mejor dicho, la sombra del sombrero – parecía de un pescador de los años cincuenta, donde casi podía verse el cuadrille, con sus líneas marrones oscuras cruzando la superficie beige de la tela. Luego de sortear algunas personas en el pasillo, la sombra se detuvo en mi costado del pasillo; sentí un olor a geriátrico, un olor a botiquín, y la convivencia con la muerte; en algún momento, cuando; la sombra respiraba con dificultad, pensé si asi iba a morirme, en un cine, apuñalado por una sombra con sombrero o si así iba a morirse la sombra, subiendo las escaleras del cine.

Perplejidad:
Después de una semana de cine, todas y ninguna.

2 comentarios:

Matías Pailos dijo...

Las Historias Subyacentes, lo mejor. Pero tiene que ser así, marginales, para ser plenamente eficaces.
O no te moriste o finalmente ocurrió un milagro. U otro milagro: (y esto va a sonar mal, pero no es la intencion) el muerto que escribe.

pim dijo...

y ahora
¿qué?