type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx: Volver, o el largo camino hasta acostumbrarse al pasado.

6.9.06

Volver, o el largo camino hasta acostumbrarse al pasado.


La fuerza del pasado no depende de la distancia temporal sino de la forma de vivir sus marcas y sus hitos. En Volver, la última película de Pedro Almodóvar, hay tres formas de tomar el pasado, donde cada una de ellas no tiene nada que ver con la memoria, con el recuerdo, sino con el presentificarse del pasado. (ay, que Merlau-Ponty todo).

La primera forma es la de mitificar el pasado, evitando la verdad de los hechos y limpiando y puliendo las tumbas, como si realmente ahí hubiera algo, al menos un sacrificio que hace el vivo con respecto al muerto enterrado; quedarse en la superficie de la lápida para evitar adentrarse. Rendir ese homenaje, que ya no es un homenaje al muerto sino un símbolo de que el paso del tiempo, la acumulación de tierra sobre la lápida, tiene casi un valor en sí mismo - el de hacer presente la energía del vivo para contrarrestar la inevitabilidad del muerto.

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La segunda forma es la más obvia y es la que lleva al entierro de los muertos; de alguna forma, es hacerlo desaparecer de nuestra vida. La hija de Penélope Cruz no puede concentrarse en nada sabiendo que el cuerpo de su padre está en una heladera cercana a su cuarto. La cercanía con el muerto – salvo en el caso de las alegres casas fúnebres – no sólo nos muestra la inescapabilidad de la muerte sino que hace que el duelo nunca deje de estar presente, que el muerto no termine de morir. El enterrarlo supone no sólo una distancia respecto de esa verdad, sino también – y más importante – separar las existencias del muerto y del vivo.

La tercer forma, y acá es donde está lo novedoso de Almódovar, es la de la presencia del muerto en el presente, no a través del recuerdo, no a través de las fotos, no a través del relato de los conocidos, sino en la presencia del muerto como vivo. En una ciudad donde el viento vuelve loca a la gente, en dónde se registra mayor índice de locura por habitante, en dónde conviven todas las supersticiones, la aparición del muerto no como fantasma sino como vivo no deja de ser algo tan esperable como la muerte misma. Nadie duda demasiado de la vida de la muerta, nadie cree que se ha vuelto loco; sólo aparece como una verdad indiscutible que la muerta volvió a vivir.

A diferencia del recuerdo, donde la dimensión subjetiva moldea el contenido de lo recordado, la tercer forma de la presentificación implica que el pasado ya no sea arbitrariamente privado sino que se modifique de manera quizás definitiva, que se contraste con otro relato, con el relato del que creíamos muerto; de hecho, genera una reconciliación entre el vivo y el muerto, entre el presente y el pasado.

Ah, y Penélope Cruz está más buena que un Havanna de dulce de leche.

3 comentarios:

perdida liviana dijo...

La tercera forma que menciona me suena muchísimo a Rulfo, aunque no sé si es una asociación que hago a partir de su relato o si es algo efectivamente reconocible en la película (la cual aún no vi, ya que no llegó a estas regiones todavía).
Notas al margen: Respeto las virtudes de la señorita Penélope Cruz, pero NADA será nunca mejor que un Havanna.

Libélula de Acero dijo...

Siempre me gana!
Esta noche me voy a ver Volver.
Siempre dudo si leer o no sus críticas.
La leí por arribita mañana la leere con otros ojos, pero, como soy jodida, no quería dejar de contarle que le hice un testeo a una amiga francesa sobre alfajores, despcartó de plano al havanna y elijió el Jorgito.

Le digo que los europeos en algunas cosas van bien...

Playmobil Hipotético dijo...

PL: Bueno, entiendo; usted es niña y yo niño; mi gula es vencida por algunas cosas (por algunas)
Libelulita: Mal. Nada como un Havanna. Salvo, quizás, un Fantoche triple en el año 93 en mi colegio secundario.