type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx: ¿Tendrías el buen tino de volver, Gladys?

24.9.07

¿Tendrías el buen tino de volver, Gladys?

y esto viene siendo una partecita del segundo capítulo de algo que se llama Gladys Volvé y que como la otra idea que tenía para esta semana parece estar tan muerta como mi capacidad seductora en un sábado por la noche, calculo que será la guest starring de PH durante al menos estos siete días.

Armando no supo hasta que terminó toda esa liturgia de entrada a la vida adulta y pública que, en realidad, ese no era el final de la noche. Su padre condujo por calles que no los acercaban a su casa; cuando llegaron a Lanús Este, se metieron por una calle de tierra y dejaron estacionado el auto. Su padre fue el primero que bajó ante la inactividad de su hijo que se concentraba en los agujeros del tapizado levantado y roto del parlante de donde hacía unos minutos habían salido una canción tan cursi como famosa.

- Dale nene, ahora te vas a hacer hombre del todo.

Los charcos de agua, las dos lámparas rojas en la puerta, el papel contact pegado contra las ventanas, las fotos de Radiolandia con mujeres sugestivamente semidesnudas, deberían haber sido un claro indicio para Armando de que estaba en un prostíbulo, de que su padre lo estaba llamando a debutar. Sin embargo, Armando no sólo no era virgen sino que también había ido a ese sombrío y pintoresco lugar la semana pasada. El que su padre pensara que él todavía era virgen, que no había podido coger por cuenta propia, le dolía menos a Armando que la posibilidad de que su padre se enterara que no era así. De una manera inarticulada, sabía que la autoridad de su padre era tan ridículamente débil que él se vería amenazado y probablemente atemorizado por cualquier circunstancia que no fuera exactamente como la había previsto.

En cuanto Armando vió a la dueña del lugar, disfrazada para la ocasión, se dio vuelta para que no lo reconociera y casi se puso a leer los epígrafes de las fotografías, como si estuviera por ingresar al oculista. Pero su padre ni siquiera lo dejó hacer eso; aún más confiado que antes, lo tomó por los hombros, lo hizo girar 180 grados y lo dejó frente a Teresa.

- Nene, tu novia por un ratito.

Su padre ni siquiera había elegido a Yamila, la de la peluca rubia, que la última semana había imitado tan bien un orgasmo que a Armando no le importó la diferencia entre la realidad y la ficción. Teresa era una tucumana de unos cuarenta años y parecía que su única fuente de ingreso y función en el prostíbulo fuera convertirse en la señorita de jardín de infantes sexual: experimentada en penes que no se paran, en adolescentes indecisos, en adolescentes configurados para no ser atraídos por mujeres y sobre todo, en explicarles a los preocupados padres la relación entre esa primer relación y su futuro como heredero de la hombría familiar que nadie podía poner en duda, con esos bigotazos.

Teresa lo tomó de la mano, lo guió por medio de las serpentinas rosas y fucsias que hacían de cortina, se acostó en la cama, se abrió el desavillé y con un dedo lo invitó a acercarse. Armando lo hizo pero se sentó en la cama y prendió un cigarrillo.

- ¿Qué pasa, papito? ¿Te gustan las minas, no?
- Sí, es que vos no me gustás. ¿Dónde está Yamila?
- Ay, ¿ni un poquito me vas a querer? Mirá que le digo a tu viejo.
- No te preocupes por la guita; después me mojo un poco la cara, cuando salgo hago que me acomodo los huevos y vos decís que soy un semental, que hace mucho que no te dolía que te la pusieran como hoy, que me parezco a él, qué se yo, esas cosas que debés decir.

Teresa le sacó el cigarrillo, prendió uno, y subió el volumen de la radio, en la cual un locutor incitaba a que el comienzo de la primavera coincidiera con la apertura de los corazones y el redescubrimiento de lo verdaderamente importante, el amor.

- Bueno, y Yamila? Dónde se metió?
- No sé, flaco, seguro que anda llorando como loca porque nunca la cogieron como la cojiste vos.

Armando se calló. El piso de la habitación de Esther era de cemento, y los rastros de cigarrillos parecían una decoración casual pero al mismo tiempo buscada. Se levantó de la cama y miró por la ventana, donde los cables de electricidad prácticamente estaban apoyados sobre los techos de las casas. Anárquicas lamparitas de 75 watts cortaban la negrura de la noche haciéndola todavía más suburbana.

2 comentarios:

roberta dijo...

Me gustó mucho; me gustó eso de que a Armando le dolería más que su padre se enterara que no era virgen; y el diálogo con Teresa es genial.

Saludos.

Playmobil Hipotético dijo...

r-: grazie. parece que por ahi se encuentra uno con gladys