type='text/javascript'/> Mundo Playmobxx: Los domingos son para dormir, o qué hacer después de vengarnos

28.1.09

Los domingos son para dormir, o qué hacer después de vengarnos


Dicho un poco brutalmente, Hegel pensaba que la dialéctica consistía en un proceso triádico basado en tres momentos: la completa identificación, la completa diferencia y el momento de contradicción, la etapa superadora pero que contiene a los previos; esta papa metafísica en el fondo es la idea de que los individuos no están constituidos ni en una soledad egoísta total, ni en una total determinación por los otros, sino en un juego superador entre ambos momentos previos.

Los domingos son para dormir, de Sonia Budassi, son un buen ejemplo de qué ocurre sin esa última etapa superadora. Los personajes que recorren los cuentos que componen el libro no tienen una interioridad singular, propia, a pesar de que, en general, no dialogan, a pesar de que podríamos entender que lo que leemos es un largo monólogo de un único personaje.

Pero a diferencia de un monólogo que reflexiona sobre la propia subjetividad, lo que ocurre es que ese diálogo interno está compuesto básicamente por el temor que producen los otros, donde los otros es el resto del mundo. Los otros son los padres que vienen a comer, son los compañeros de casa que no se comportan de un modo particular (el modo en que quisiéramos, que tampoco se sabe muy bien cuál es), los otros son las amigas de la infancia perpetuadas en un ida y vuelta de argumentos, llantos y amoríos de verano provinciano, son los novios que no llaman.

Esos otros son, fundamentalmente, una amenaza que hace imposible que los personajes asuman algún tipo de singularidad; fundamentalmente, porque ellos son motivos de enojo, de rabia, de recriminaciones silenciosas pero que no desembocan más que en la bronca misma. En Los domingos son para dormir pareciera no existir algo así como una supuesta superación de ese enojo, de alguna acción por parte del protagonista que la conduzca a otro lado; aunque a veces da la sensación de que ya no tolera a sus amigas de la infancia, la protagonista de Fuera de Temporada se va de vacaciones con ellas; sus dos amigas van modificando, por una u otra causa, sus planes iniciales pero la protagonista vuelve a Buenos Aires a seguir esperando un teléfono que no suena hace mucho tiempo y que no da la impresión de volver a hacerlo.

En esa insistencia en el enojo, en la molestia por la mera interferencia del otro que siempre se termina convirtiendo en dominación, hay algo bastante divertido y es que se le parece mucho a los momentos donde uno planea venganzas terribles, matanzas largas y dolorosas dirigidas a infligir la mayor cantidad de dolor posible a los causantes de nuestro dolor: “aunque yo no lo haya notado, él me había seguido todo el tiempo con su moto tipo Harley Davidson, cuando salgo se decide, estoy por cruzar la calle, se detiene junto a mí, baja de la moto, dice mi nombre, se arrodilla y llora desconsolado, pide perdón, dice Clarisa sos la mujer de mi vida, por favor perdóname, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que estés conmigo. Pero no me dejo conmover por sus estúpidas lágrimas y como en una canción le digo ya es tarde.”

El problema de las venganzas, especialmente de aquellas largamente pensadas, planeadas y proyectadas, es el vacío que viene después de haberla llevado a cabo. ¿Y yo qué hacía de mi vida antes de ser El vengador, antes de ser Montecristo? Bueno, ese vacío es el problema de no llegar al momento superador de la dialéctica.

De todas maneras, Hegel es inentendible. No así el libro de Sonia que lo leí en dos días y me dejó con ganas de más misantropía.

(*) pic from here

5 comentarios:

Matías Pailos dijo...

Me parece que nos vamos a llevar a Budassi a Chile.

Sonia dijo...

Que buena onda Matías!
Gracias por el post, Facundo.
Saludos!

julieta dijo...

PH: adelantá la historia, resumí y contá el final!!

El Mate Tuerto dijo...

Gracias Playmobil, me recordás que debo ponerme a leer a mis contemporáneos. Abrazo
Ariel

Anónimo dijo...

Me gustaron muchísimo los cuentos de Sonia Budassi y también tu post, porque fue precisamente ese dejo de "misantropía" (como vos la llamaste), ese carácter de "turritas" (que todas/os llevamos dentro) de los personajes una de las cosas (entre varias otras)que me atraparon del libro. Los domingos son para dormir, pero yo destiné uno a deglutir estos cuentos unos tras otro.
Pepa Grillo